Vecinos y empresarios creen que el próximo derribo ya autorizado del asilo de Pi y Margall contribuirá a revitalizar el barrio
06 mar 2019 . Actualizado a las 13:45 h.El comienzo de Torrecedeira está lleno de locales vacíos. Los negocios nunca acabaron de cuajar en esta parte de la calle que limita de forma abrupta con el subumundo marginal del barrio do Cura. El inminente derribo del asilo de Pi y Margall, cuya licencia acaba de conceder el Ayuntamiento, abre una puerta de esperanza a los vecinos y comerciantes de este tramo. Piensan que la zona ganará mucho con la prolongación hacia Poboadores y que los locales se revalorizarán al mismo tiempo que se recupera un espacio degradado del centro de la ciudad.
Samuel, que tiene una tienda de ultramarinos, uno de los pocos comercios que hay en la zona, opina que «la prolongación de la calle nos vendrá muy bien al pequeño comercio. Hay muchos bajos que actualmente están cerrados y pienso que se abrirían. Habrá más vida aquí y mejoraría la seguridad. Aquí es muy difícil porque viene mucha gente del albergue», dice. Los vecinos también aplauden las obras. Beatriz Pacheco afirma que «estamos al lado de un lugar fantasmagórico. No ves a nadie pero sabes que hay alguien y eso te da cierta inseguridad», dice. Confía en que la prolongación conlleve una humanización «porque esta calle es muy incómoda, apenas tiene aceras y a veces tienes que bajarte a la carretera si pasa alguien con un carrito».
Promesas
La cuestión es cuándo se llevará a cabo esta transformación, dado que los vecinos lleva mucho tiempo escuchando promesas. «Compré el piso en el año 79 y en el 80 ya lo decían. Todo lo que escuché desde entonces es que iban a hacer, pero al final nunca hicieron nada», critica Benito Álvarez, que reside en el número 2 de la calle Torrecedeira.
El alcalde, Abel Caballero, informó que el derribo del asilo será inmediato una vez que la junta de gobierno ha autorizado las obras. La previsión es que tras la demolición comience el desarrollo urbanístico de todo el área, que cuenta con una superficie edificable de 56.000 metros cuadrados.
Quienes no ven con buenos ojos la continuación de la calle son las hemanas que gestionan el comedor de la caridad y el hogar infantil de la Xunta. «Nos cogen todo el patio de los niños. ¿Dónde quieren que los llevemos a jugar?», se pregunta una monja.