La saga Doder continúa en el Cangas

El balonmano llevó a Tihomir a O Morrazo, donde su familia se estableció y donde hoy juega su hija


vigo / la voz

Mediada la primera década del nuevo milenio, Tihomir Doder (Serbia, 1979) ponía rumbo a Cangas, una especie de aldea gala en la batalla del balonmano al más alto nivel. Entre su Novi Sad natal y O Morrazo había un buen puñado de diferencias, pero él y su familia tomaron el pulso al lugar y se adaptaron bien. Muy bien. Durante cuatro temporadas se empaparon de la vida de un lugar que, sin pretenderlo, acabaría convirtiéndose en su hogar y donde echaron raíces. Porque su hija, Anasatasija, sigue en el equipo cadete femenino del Cangas el camino que abrió su orgulloso padre.

Cuando Doder acabó su etapa en el club, su esposa y sus dos hijos -Anastasija y Dimitrije, nacido en Vigo- le acompañaron en el regreso a Serbia. «Yo me fui a jugar al Vardar, a Macedonia, pero por motivos personales nos volvimos para España», cuenta el lateral desde Israel, donde entrena y juega en el Maccabi Kiryat Motzkin. Él tenía todavía muchos años de balonmano por delante, así que consideraron que lo mejor era que su familia se quedase en Cangas, donde había encontrado su lugar en el mundo, y el lugar donde el deporte le llevase.

«Es muy difícil. Este es el octavo año que juego fuera de España y lejos de mi familia. Nos vemos cuando tengo pausa, para festivos y después de la liga, en vacaciones. A veces cuando tengo unos días libres aparezco de sorpresa», cuenta Doder.

Él asume con resignación que «por los estudios y el balonmano» no puede regresar ahora a O Morrazo, pero proclama que «¡la mujer se hizo una gallega de verdad!». Como sus retoños.

Anastasija, y Dimitrije crecieron con el balonmano formando parte de sus vidas. «Desde pequeña, Anastasija iba a los pabellones para verme entrenar y jugar, y gracias a eso le empezó a gustar este deporte. Y Dimitrije también empezó a jugar», aunque el parqué no le enganchó tanto como a su hermana, que hace unos días se colgaba la medalla de plata en el Campeonato de España de selecciones con Galicia.

Como su padre, Anastasija es lateral, y reconoce que fue su Tihomir el que le abrió la puerta de O Gatañal. «Mi padre me enseñó qué bueno es este deporte, y eso siempre quedará ahí», luego, desvela la jugadora, «doy todo en los entrenamientos y en los partidos, intento mejorar cada día y espero llegar a ser como mi padre». Pero aunque ahora el balonmano se ha convertido en clave para Anastasija, no siempre fue así. «De pequeña siempre iba a verle jugar y entrenar. Al principio no era un deporte que me gustara, pero al seguir viendo partidos suyos y ver a la afición y todo el ambiente que había, me empezó a interesar y acabe apuntándome».

Tihomir no puede ocultar su felicidad al ver a su hija en la pista. «Siento orgullo. Mi corazón está lleno porque está jugando en el club donde jugué cuatro años y donde vivía muy feliz. En el club que me recibió con los brazos abiertos y me dio todo y donde me siento como en casa».

Pocos consejos

Que tu padre sea jugador profesional y entrenador de balonmano puede marcar, aunque los Doder aseguran que no hay demasiados consejos de por medio. «En un principio intenté enseñarle, pero no se fiaba mucho», cuenta Tihomir entre risas, «siempre me decía que ella tiene a su entrenador, así que dejé de insistir. Ahora, poco a poco se va dejando, pero tendré que empezar de nuevo este verano». Eso sí, Anastasija, tiene claro que su padre es uno de sus grandes referentes. «Me encanta cómo juega. No se rinde nunca y eso es lo más importante, sabe cómo y cuando actuar de una manera u otra», le describe. En los sueños de Anastasija está ser profesional, como su padre.

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