Dejó Economía para lanzar su moneda

Alejandro Regojo prefirió hacerse informático y su BTG ya cotiza a 400 millones


vigo / la voz

El vigués Alejandro Regojo, de 24 años, y cinco socios de todo el mundo que conoció en foros de Internet se aliaron para lanzar en octubre del 2017 una versión más descentralizada de la moneda virtual bitcoin. Bautizaron a la nueva divisa electrónica como Bitcoin Gold (BTG). Ocho meses después, vale 509 millones de dólares (434 millones de euros) y cotiza a 25,3 euros.

Regojo, desde su despacho en un dúplex de la Porta do Sol, medita sobre estos ocho meses de infarto. Es el único representante en España y dirige a 40 personas en 30 países. Viaja a Corea del Sur o Dubai para asistir a eventos como product manager (equivale a director general o CEO). A los dos meses de salir al mercado, hubo una burbuja y la cotización de BTG se disparó a los 5.600 millones de dólares. El 2018 ha sido el año de la corrección a la baja pero Regojo confía en que la moneda se revalorice. «Estamos como el sector del automóvil en el año 1920 o 1930, aunque los precios de las criptomonedas bajen ahora, está claro que van a subir», predice. BTG ocupa el puesto 31 en un ránking de 1.641 criptomonedas.

El bitcóin estuvo a punto de llegar a 20.000 dólares, ahora vale 6.000 pero son seis veces más que hace un año», dice este estudiante que colgó Economía para estudiar desarrollo informático. Asegura que no está obsesionado con la cotización de su propia moneda porque «no soy un trader [corredor de Bolsa]».

Sobre si este lanzamiento lo ha hecho rico, el joven vigués prefiere callar y se limita a decir: «La gente ha ganado mucho dinero cuando ha visto las ideas de lejos. No hablo personalmente, pero si eres el líder de una idea, lógicamente vas a apostar todo».

Regojo cuenta que la criptomoneda es un método de pago pero también de servicios. «A día de hoy, puedes pagar desde una pasarela, nosotros estamos en la mayoría de ellos para comprar productos de segunda mano en Bazaar, webs de venta internacional más que un negocio locale, incluso en Amazon puedes pagar con BTG, con un proceso intermedio», dice. Tienen una solución de pagos para conectar a compradores y vendedores internacionales. «La critptomoneda te soluciona un problema muy grande porque si compras por Internet y pagas en euros tienes difícil que te los acepten en China y aún más en la India», dice.

Relata el caso de una empresa que paga a unos trabajadores que están en África y «si no le pagan en Bitcoin Gold, porque el pago es internacional y en diez minutos está en cualquier parte del mundo, lo tiene muy complicado porque se llevan un 40 o 50 % de tasas bancarias por el camino. Hoy en día, para pagar una nómina en África es bastante complicado y la criptomoneda nace de por sí como una forma de pago internacional e Internet necesita una moneda versátil que en cuatro minutos esté en el sitio».

Minería

Pero ¿qué ganan los gestores de BTG como Regojo si no hay comisiones? ¿Quién paga los servidores y la electricidad para mantener en curso su criptomoneda? «No somos un banco central, que emite las monedas que quiere cuando quiere, no tiene nada que ver», aclara. Quienes mantienen el servicio son los mineros de bitcoin, trabajadores que fabrican criptomonedas como un fondo monetario pero sin que haya ninguna decisión central, es un software quien decide crear determinados bitcóins, una docena de monedas que se inyectan gradualmente en el mercado, para pagar la electricidad de todos los aparatos de minería y sin generar apenas inflación. Los mineros codifican las transacciones a cambio de unas monedas que se van creando. «Lo que mantiene BTG son 300 nodos (vía de entrada al software) en todo el mundo y 30.000 o 40.000 personas minando con sus ordenadores que intercambian su electricidad y sus conocimientos de hardware para aportarlos a esa red de bitcoin a cambio de electricidad o monedas», afirma.

Regojo explica que el minero de datos es «gente de hardware que alquila una nave y compra 200 o 300 ordenadores y mina allí, Casi todo lo del bitcóin está en China». Canadá, Rusia y Venezuela minan para Bitcoin Gold. «Tenemos en plantilla a un canadiense de soporte para los mineros de ese país, que al ser frío es mejor, y hay una gran comunidad», dice.

Crítica a los políticos de España

Regojo reflexiona sobre el estallido de la burbuja del bitcoin, cuya cotización se disparó a 15.000 dólares la unidad en diciembre y bajó a 6.643. «Muchos esperaban que llegase a los 20.000, o que bajase a 10.000 pero no a 6.000 pero los que trabajamos en esto en un puesto importante no lo hacemos por dinero, nos gusta la tecnología, y tenemos claro y creemos que volverá a subir a las cifras donde estuvo», dice. Admite que la tecnología está «muy verde» pero deja fuera a servicios como Visa, que es «inútil» para ciertas cosas mientras que Bitcoin Gold es útil y su desarrollo es «infinito». «Ahora esto vale seis veces más que hace un año. Está claro su valor a largo plazo. Ya no es para especular, las empresas lo usan porque es útil y envían remesas», afirma.

«Desgraciadamente, en España no existe este sector porque, como es habitual, los políticos van poniendo la zancadilla a lo que no entienden, tienen miedo y molestan a lo nuevo», lamenta.

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