Entrenando para la Antártida en las Rías Baixas

Tres militares gallegos viajarán con el Ejército de tierra a la Isla Decepción y se preparan en O Grove


o grove / la voz

Ir a la Antártida es un sueño al alcance de muy pocos. Ir dos veces en la vida, tarea casi imposible. Pero el sargento Javier Mosteiro Abelairas, de A Coruña, será uno de esos afortunados que podrá cumplir su deseo no una sino dos veces consecutivas. Él es uno de los integrantes de la próxima campaña Antártida, que todos los años lleva a cabo el Ejército de tierra de España en la base Gabriel de Castilla, en Isla Decepción. Lo fue ya el año pasado. Y ahora ha vuelto a O Grove, junto a otros compañeros, para preparar un nuevo viaje. El municipio lleva tres años siendo el lugar elegido para la instrucción de la fase de navegación de esta dotación. Trece militares entrenan desde ayer para prepararse para un viaje tan duro, por las temperaturas extremas a las que se enfrentan, como apasionante.

Hasta 25 grados bajo cero y vientos que pueden alcanzar los 120 kilómetros hora. Estas son algunas de las condiciones meteorológicas que tendrán que soportar estos hombres. Pero no se preparan en las Rías Baixas porque haga frío. «En el relevo que me dieron, de las primeras cosas que me dijeron fue que no dejase de hacer la fase de navegación en O Grove», explica el comandante Valentín Benéitez, jefe de la expedición. Las aguas de la ría arousana, explica, son más bravas que las del Mediterráneo y tienen más corrientes, lo que las hace muy parecidas a las de la Antártida.

Trece militares partirán a final de año hacia la base Gabriel de Castilla, situada en Isla Decepción, a más de mil kilómetros del lugar poblado más próximo. Su misión: «Gestionar la base científica y apoyar a los científicos que allí realizan sus investigaciones», explica el comandante. La misión a la Antártida «es una satisfacción en el plano profesional y también una experiencia vital», sostiene. De hecho, los participantes son seleccionados todos los años entre centenares de aspirantes. «Es una ocasión única en la vida, es un continente donde solo pueden ir unos pocos privilegiados», añade. La experiencia no es sencilla. Estos profesionales tendrán que soportar unas duras condiciones meteorológicas y ayudar a los científicos que allí se hospedan en su trabajo diario, acompañándoles en la toma de muestras, por ejemplo. Deberán realizar sus propias investigaciones sobre comunicaciones y sobre eficiencia energética, pues este año quieren instalar unas placas solares para reducir «la huella de combustible que se deja en la isla».

Entre los trece participantes, tres son gallegos. El sargento coruñés Javier Mosteiro es el que cuenta con más experiencia. Ir a la Antártida es «lo que había soñado, conseguido», relata. Reconoce que allí hay «mucho trabajo y estás lejos de casa, pero todo eso se pasa», cuenta. Explica que en la base están a merced de las condiciones meteorológicas, «porque cuando hace mucho frío no se puede salir». El tiempo, añade, «cambia muy rápido y de repente hay olas de un metro y ya hay que volver a la base». A cambio, los paisajes «son espectaculares». Él pudo ver «pingüinos, focas y ballenas, aunque estas menos porque son muy reservadas».

Solo dos personas de cada misión regresan al año siguiente, para servir de enlace a los nuevos y explicarles en qué situación quedaron las instalaciones. Y el sargento será una de ellas. «Yo iría todos los años, esto es un caramelo», relata.

En esta ocasión estará acompañado de otros dos gallegos. El capitán Antonio Donis, de Ourense, y el cabo primero Víctor Manuel Rodríguez Caamaño, de Traba de Laxe, en A Coruña. El primero de ellos será el responsable de las comunicaciones, de que la base se pueda conectar con el territorio nacional, de que funcione la radio y de que los integrantes de esta dotación puedan hablar con sus familiares de forma asidua a través de videoconferencia. Está también encantado con el viaje «porque es un lujo y una experiencia única», sostiene. Y asegura que la base española es «puntera, en comunicaciones tiene un altísimo nivel», concluye.

Pero antes de poder viajar a la Antártida, estos trece militares tendrán que aprender a manejar una embarcación. Saber aproximarse a tierra o a otro barco de mayores dimensiones en condiciones extremas. Y eso practicarán durante toda la semana en O Grove, más concretamente, en el puerto de Pedras Negras.

Las aguas de la ría arousana son más bravas que las del Mediterráneo para los entrenamientos

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