Auditoría


No debería sorprender a nadie el mayor error en 89 años de los Oscar. Era incluso esperable que Warren Beatty y Faye Dunaway se equivocasen al anunciar el galardón a la mejor película. Lo verdaderamente raro es que esto no pase todos los años.

Porque no olvidemos que el tema de los sobres lo llevaba una empresa auditora: Price Waterhouse Coopers. Y todos sabemos qué puede pasarte si dejas algo en manos de esa gente.

Sirva como ejemplo la antigua Pescanova, empresa que daba formidables beneficios hasta que, de un día para otro, quebró con una sorprendente deuda de más de tres mil millones de euros. La firma del congelado entró en concurso de acreedores en el 2013. Pero en los nueve primeros meses del año anterior declaró beneficios por 29 millones de euros. En el 2011 dijo haber ganado 50 millones. Y en el 2010, 36 millones. Lo curioso es que nadie intuyó la doble contabilidad. Ni sospechó del polvo bajo las alfombras. Una vez más, los auditores hicieron mal su trabajo.

Otro tanto sucedió con el controvertido episodio de la fusión de las cajas de ahorros. Seguimos esperando ver aquella auditoría de KPMG que garantizaba que la unión sería un éxito. Cuando luego no duraron ni dos años hasta la quiebra.

Nuestro día a día está lleno de auditorías ridículas, que en la crisis han fomentado auténticas estafas. Así que nada tiene de sorprendente el error de los Oscar. Solo se le ocurre a Hollywood contratar empresas auditoras, porque son garantía de una absoluta chapuza. Si de entregar sobres se trataba, haber llamado a un especialista: Bárcenas, por ejemplo.

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