De las vallas a los remos

J. Davila VIGO / LA VOZ

VIGO

Oscar Vazquez

Después de abandonar el atletismo, Anna triunfó como remera y ahora pretende hacerlo como entrenadora

11 jul 2016 . Actualizado a las 12:02 h.

Se puede decir que el idilio entre Anna Yuchenko y el remo comenzó con un flechazo. Sobre todo, cuando decidió abandonar una prometedora carrera en el atletismo, para lanzarse al agua. Campeona de Rusia de 400 metros vallas en categorías inferiores, Anna rompió su relación con el tartán para sustituirlo por el remo cuando ya tenía 22 años: «Empecé a remar por casualidad, porque me gustó y me salía bien. Aunque para mí hubiese sido mucho más fácil ser atleta».

Ante lo que podría parecer una locura, su decisión de cambiar la pista por el mar no fue desafortunada y pronto llegaron los resultados: «Me salía fácil. Entrenando dos veces ya ganaba campeonatos de Rusia con ventaja. Me llevaban a campeonatos del Mundo y ahí ya elegí el remo». Sus registros a nivel nacional la llevaron a los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 en la modalidad de cuatro scull con Rusia.

Nada más llegar a España y convertirse en remera del Club Náutico Castrelo de Miño se adjudicó el Nacional de remoergómetro o remo indoor (2013 y 2014), skiff (2012, 2013 y 2014) y cuatro scull (2011). Los títulos logrados en el equipo ourensano se unían al Campeonato Nacional en skiff (2006), doble scull (2006 y 2007) y cuatro scull (2008 y 2009) logrados en su país natal y que reforzaban un palmarés plagado de logros.

Desde su llegada a Vigo dirige los entrenamientos del Real Club Náutico en el Liceo Marítimo de Bouzas, después de poner fin a su trayectoria como remera de alta competición. En su faceta como preparadora conjuga la experiencia profesional que le ha dado la competición con sus estudios en INEF, aunque tiene claro cuál de los dos perfiles la define: «El colegio es el colegio, ser entrenadora es otra cosa. Siempre me gustó entrenar y transmitir lo que yo aprendí. Estoy más cercana a ser entrenadora que profesora».

El Real Club Náutico llegó a contar, en su sección de remo, con más de medio centenar de deportistas en las buenas épocas. Aunque el número había descendido considerablemente, la llegada de Anna en el 2014 supuso un tirón en el número de participantes de esta modalidad: «Ahora mismo tenemos 25 chicos. Desde que llegué yo el número fue a mayor, porque había poca gente. Tuve que hacer un gran trabajo para buscar, animar, promocionar el remo y fomentarlo. Al principio iba a colegios y desde ahí a colgar carteles donde podíamos», señala Anna.

El boca a boca es otro de los métodos para conocer este deporte y la remera-hispano rusa no titubea a la hora de exponer las causas de la debilitación del remo: «Hay discriminación con el remo al cien por cien. Es un deporte que se podría promocionar mucho más, aunque, ya sabemos que eso todo es política y dinero».

El número y las diferentes metas de los niños la han obligado a adaptar sus entrenamientos: «Soy exigente, pero una vez a la semana nos lo tomamos con más tranquilidad y como pasatiempo para los niños. No es fácil con el sistema que hay aquí, más encaminado al ocio, aunque primero intento buscar los resultados y luego el resto».

Su método de trabajo, que implica esfuerzo y dedicación, salpicado de algún momento para la diversión, espera éxitos en un futuro no muy lejano: «Actualmente tenemos un grupo de seis o siete niños que podrían llegar a competir algún día en el panorama nacional o internacional».

Sin embargo, convertirse en un gran remero tiene un precio. Como en todos los deportes, la constancia es un factor diferenciador entre lo bueno y lo excelente: «Trabajamos seis días a la semana. Algunos días dos veces, sobre todo, cuando llega la temporada de competición y no tienen colegio. Todos nuestros entrenamientos duran como mínimo dos horas».

Aunque la edad de los niños que entrena oscila entre los trece y los dieciocho años, las puertas del Real Club Náutico de Vigo están abiertas a todo el mundo.

Echando la vista atrás, Anna observa notables diferencias entre el país que la vio crecer como remera, con el lugar en el que se ha desenvuelto como formadora: «En Rusia se podría hacer selección porque hay mucha gente: mínimo un metro ochenta... Pero aquí no puedo hacerlo porque si no solo tendría cinco chicos entrenando. El físico da igual, todo depende de carácter y actitud».

En el caso de Anna, la trascendental decisión de cambiar atletismo por remo fue acertada. Pero si los frutos de su trabajo no hubiesen llegado, sabe de primera mano por qué el remo termina seduciéndote: «Creo que es por cómo el barco se desliza por el mar. Eso es lo que te atrae, porque remas y remas y te vas por el mar. Cuando coges soltura y las palas ya no tocan agua, ni el barco cae a izquierda o derecha porque te equilibras, te sientes dominante sobre el barco y sobre el mar, eso atrae a cualquiera».