La renuncia

Eduardo Rolland
Eduardo Rolland LA BUJÍA

VIGO

Como en los bancos y en los prospectos, en las noticias hay que leer la letra pequeña. Y no es cierto que solo dos diputados del PP y uno del PSOE renunciasen a la indemnización de 8.300 euros que el Congreso de los Diputados concede a los parlamentarios al término de la legislatura. De hecho, se dice claramente en todas las informaciones, aunque no en los titulares. De los 23 diputados que Galicia aporta a la Carrera de San Jerónimo, cinco no tienen derecho a indemnización porque están en la Comisión Permanente. Y siguen cobrando. Otros 15 percibirán el jugoso emolumento. Y tres no lo harán, pero por razones distintas. Los dos diputados del PP no renuncian, porque no tienen elección posible. No pueden cobrar aunque quieran. Porque son abogados en ejercicio que perciben ingresos de sus respectivos despachos, en A Coruña y Ourense. Así que solo hay una persona que ha renunciado a este discutible derecho de los 8.300 euros de finiquito por seis meses de presunto trabajo. Y esa ciudadana es la diputada Dolores Galovart, que no recibirá nada porque no quiere. Porque no está de acuerdo con esta regalía. Y, aunque podría reincorporarse a la carrera judicial, tampoco va a hacerlo porque no quiere «hacer campaña con la toga puesta». Ella tiene derecho a la indemnización, pero no la quiere «por convicción». Eso debería ser valorado. Sin ningún matiz electoralista. Solo con una ética casi kantiana, individual. Porque quienes conocemos la trayectoria de nuestra compatriota Galovart (y de su entorno, sin más detalles) tal vez no nos mostramos sorprendidos. No nos extraña. Aún emociona ver ciudadanos de una pieza.