Almuiña, el pacificador

Ángel Paniagua Pérez
Ángel Paniagua CRÓNICA CIUDADANA

VIGO

03 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

El habitualmente frío presidente de la Xunta desveló sus íntimos deseos en una gélida mañana de febrero del 2012. La oposición lo achuchaba en el Parlamento con los recortes en sanidad y con la privatización del nuevo hospital de Vigo y Alberto Núñez Feijoo se zafó confesando un particular anhelo: «Pasarei á historia como defensor da sanidade pública». Pero, casi cuatro años después de aquello, Feijoo todavía no ha podido hacerse una foto inaugurando el nuevo hospital de Vigo. Así que algo le falla al presidente de la Xunta para pasar a la historia.

Por eso está ahí Jesús Vázquez Almuiña, el conselleiro del Hospital Álvaro Cunqueiro. El primer mandato del exalcalde de Baiona es poner paz en el centro sanitario. Hasta que no haya paz, no habrá foto. Y en el siglo XXI no se puede pasar a la historia sin una foto.

El conselleiro del nuevo hospital. Algunas batas blancas observaron con cierto desdén la primera maniobra en la que el conselleiro se implicó personalmente. En sus primeras reuniones en el Álvaro Cunqueiro, los jefes de servicio dijeron al mandamás de la sanidad gallega que había problemas en los quirófanos, en las urgencias, que no tenían equipamiento, que la lista de espera se disparaba y un largo y notable etcétera. Sin embargo, Almuiña, el pacificador, se remangó la camisa para resolver el conflicto de los celadores. Es probable que no fuese lo más acuciante del hospital, pero, ojo, en el último mes han desaparecido las pancartas, las tiendas de campaña y los tenderetes en la entrada de eso que llaman el buque insignia de la sanidad gallega. Y cuando la guerra no se ve, la paz está más cerca. Así que, primer gol.

Esas mismas batas blancas lamentan ahora que haya tanto ruido y tantos esfuerzos en torno al párking de pago del hospital. Como si ese fuera el único problema. O como si fuese incluso el principal. Rocío Mosquera se reía cuando le preguntaban por el aparcamiento -aunque se reía por tantas cosas...-. Almuiña, que es más de arrugar la frente que de reír, ha logrado reducir las tarifas a la mitad. Con ello, espera conseguir algo más interesante: que las críticas amainen y que en las próximas semanas la imagen de caos de tráfico que rodea al Cunqueiro se normalice. Así que, segundo gol.

Ahora es el turno de los problemas.

El gerente del hospital no se va porque... Será conciliador y accesible, pero eso no significa que Jesús Vázquez Almuiña tenga un pelo de bisoño. Y, si no, fíjense en la jugada. Para empezar, pactó el relevo de la cuestionada Ana Sánchez como directora de la oficina técnica de seguimiento de la obra, el órgano que tenía que velar por que la empresa constructora lo hiciese bien. Para seguir, se ha cargado a media dirección del Chuvi. Nadie puede decirle que no tome medidas.

Hay quien no entiende por qué no ha aprovechado para relevar también al gerente. Félix Rubial solo lleva siete meses en el cargo, pero ha sido el blanco todas las críticas. No todas justificadas, pero es lo que hay cuando eres el que manda. Forzar su cese costaría al conselleiro el mismo esfuerzo que enviar un mensaje de Whatsapp. Podría sacarle cierto rédito político y venderlo en el hospital, en el Parlamento y hasta en la calle del Príncipe. Pero no lo hace. Porque Almuiña no es nuevo en política. Sabe de sobra que mientras tenga a Félix Rubial al timón del Cunqueiro contará también con un parapeto para las críticas. Tiene un muro, un escudo. Y también una bala en la recámara. Por si las cosas se ponen feas.

No es personal. No es sanidad. Es política. Y es la historia lo que está en juego.