Cerca de dos mil motos acompañaron el féretro de Dani Rivas desde el funeral hasta el cementerio
02 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Los restos de Dani Rivas ya descansan en el cementerio de Trigás. Catorce días después de su muerte en un trágico accidente en el circuito de Laguna Seca, el piloto moañés recibió un último y multitudinario homenaje, con unas dos mil motos secundando al féretro desde el pabellón de A Xunqueira, en Moaña, en donde tuvo lugar el funeral, de lo más concurrido, hasta el panteón familiar.
Rivas estuvo rodeado del mundo de las motos en su adiós. Cascos, monos y camisetas con inscripciones alegóricas al moañés fallecido por doquier que se fundían con los abanicos improvisados que hacían más llevadera la temperatura que se respirada dentro y fuera del recinto deportivo, que se quedó pequeño para congregar a cuantos quisieron darle el último adiós en una homilía que acabó con el rugido de su moto a modo de salve de despedida después de que su padre Willy Rivas, cerrase el funeral agradeciendo todas las muestras de cariño «que han traspasado más allá de Moaña y que se han extendido por todo el mundo». Visiblemente afectado, el progenitor comentó que «a partir de ahora tendrá que convivir con la leyenda. Se fue un pedazo de mí», palabras que fueron seguidas de una atronadora ovación por parte de todos los presentes.
En la homilía, el sacerdote se dirigió a los presentes asegurando que «la meta de la carrera (de Dani) está el cielo».
Momento con mayúsculas
Pero el momento con mayúsculas de la despedida de Dani Rivas estuvo en el tránsito del pabellón al cementerio. Primero con el reguero de flores, muchas de ellas con el 7 de su moto como motivo, después con el aplauso y el puño al viento de su padre acompañando la comitiva fúnebre y sobre todo, por el incesante discurrir de motos de todos los modelos y tamaños que hicieron el trayecto en medio de un reguero de aplausos que le tributaban quienes esperaban el féretro a ambos lados de la carrera. El mejor homenaje póstumo posible para quien se pasó sus 27 años de vida subido a una moto. Primero en Moto2 y más tarde en Superbikes. Con su muerte Galicia se queda sin un referente de la velocidad.