La nueva era radial

VIGO

21 abr 2015 . Actualizado a las 09:32 h.

Vivimos en una ciudad hermosa en la que cualquier pequeño detalle alcanza dimensiones faraónicas. Ahora, por ejemplo, estamos inmersos en un plan de renovación de aceras que para sí quisieran los parisinos (que pisan los mismos adoquines desde que la cabeza de María Antonieta rodó por la plaza de la Concordia) o los habitantes de Nueva York, (que se tienen que fastidiar porque desde los años 50 no les han cambiado prácticamente ni un canalón en sus hediondas calles llenas de vida). Que se joroben, hala. Aquí, en cambio, nos morimos de gusto adoquinando nuestro futuro.

Toda mejora, ya se sabe, requiere un sacrificio. Y así, nosotros, los sufridos vigueses, aguantamos con santa paciencia los caprichos del urbanismo en boga, consistente en ampliar aceras para que las ocupen con sus mesas y sillas los dueños de las cafeterías y achicar el espacio para que circulen los coches, aunque vivamos en una ciudad en la que el automóvil es más piedra angular que la que sustenta los pilares del viguismo con sus tres cés (Celta, Citroën y el Cristo), bueno, y Cachamuíña, que según la popular Elena Muñoz es tan santo patrón como otros. Nosotros lo disfrutaremos algún día, pero los que mejor se lo pasan en este momento histórico son los ejecutores de las obras, empeñados en compartir con todos nosotros su tarea. Eso de llevar las piezas ya cortaditas del taller para colocarlas y dar la lata lo menos posible no parece que se contemple ni en el mejor de los sueños de un constructor con buenos sentimientos hacia sus congéneres. Los sociólogos hablan de la era de las nuevas tecnologías, pero se equivocan. Estamos en la era radial. Esas máquinas infernales marcan la banda sonora contemporánea. ¿Qué Phillip Glass ni qué ocho cuartos? Cuando oyes ese agudo psssszzziiinnnn, ¿acaso no se te ponen los vellos de punta? Que sí, ¿eh?

begona.sotelino@lavoz.es

Los sociólogos hablan de la era de las nuevas tecnologías, pero se equivocan