Lo que los vertidos a la ría esconden

VIGO

XOAN CARLOS GIL

No solo está la contaminación al fondo del mar, también se incorpora a la cadena alimentaria a través de los peces

19 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Pendientes de los resultados de la investigación, todo parece indicar que el pasado miércoles tuvimos un nuevo sentinazo en la ría de Vigo, y de tamaño importante a juzgar por la extensión y la densidad de la mancha de hidrocarburos que cubría buena parte del litoral en Teis. Estos vertidos cotidianos representan una marea negra permanente, constante y difusa, que al no tener la espectacularidad de los grandes accidentes como el Prestige tampoco generan la alarma que deberían, pues cerca del 90 % de los hidrocarburos que contaminan la ría proceden de estos vertidos frecuentes y solo el 10 % de la contaminación marina por hidrocarburos mundial procede de las grandes catástrofes.

Estos vertidos pueden ser accidentales o deliberados y es en el segundo caso cuando nos encontramos con un sentinazo. La magnitud del problema tiene que ver con el número de embarcaciones y su tamaño. Pensemos en el charquito de aceite que deja un coche simplemente por un tornillo de presión mal ajustado y supongamos el mismo caso en un barco de 200.000 toneladas. O las gotitas de gasolina que se escurren al llenar el depósito multiplicadas por las 3.000 toneladas de combustible de un buque.

Todos esos residuos terminan acumulándose en la sentina del barco, un espacio estanco generalmente ubicado bajo la sala de máquinas, y de allí hay que sacar cada cierto tiempo lo que se va acumulando. Representa un riesgo de explosión. Evidentemente existe una normativa internacional (Convenio Marpol 73/78) que regula el protocolo de descarga y la correcta gestión de estos residuos, pero como se imaginarán el proceso tiene un coste y consecuentemente existe la tentación de ahorrar dinero y burocracias por el expeditivo sistema de bombear al mar los residuos.

El mar es grande, y cuando el vertido se hace evidente al llegar a la costa arrastrado por las corrientes el buque responsable puede encontrarse a cientos de millas, mezclado como uno más en medio de los centenares que pasan diariamente ante la bocana de la ría. Un solo sentinazo de un buque de registro medio puede arrojar al mar una tonelada de aceites y combustible. No digamos si lo hace un superpetrolero.

Es difícil cuantificar el volumen de estos vertidos, pero una estimación muy prudente cifraría en un mínimo de cien toneladas anuales la cantidad de hidrocarburos que se vierten directamente en el interior de la ría de Vigo o llegan arrastradas por las corrientes. Sus efectos sobre el ecosistema son fáciles de imaginar. Una parte, la más volátil, se incorpora a la atmósfera añadiendo tóxicos compuestos policíclicos aromáticos al aire que respiramos; otra parte se fragmenta y se va incorporando a la cadena alimentaria de la que formamos parte.

No existe un buen momento para un sentinazo, pero los hay especialmente malos, y el vertido de esta semana se produce en plena época de cría de las aves marinas. Desesperadas por encontrar alimento los peces agonizantes son una presa fácil y con ellos se llevan el veneno, al igual que las aves limícolas con los invertebrados que capturan en la costa. Pedirle al instinto de un cormorán que tenga sentido común sería un poco arrogante, pero en la misma zona de Teis, con el gasoil de fondo, unos cuantos vecinos seguían con su cotidianamente feliz e ilegal recolección de navajitas, berberechos y almejas. Cuestiones legales al margen quizás nuestra especie sí podría tener un poco de sentidiño y no envenenarse conscientemente.

Más control, más inspecciones

Es complicado, pero no imposible, detectar los sentinazos que se producen en alta mar, pero todos esos barcos salen de un puerto y llegan a otro.

Como mínimo sí deberían hacerse inspecciones aleatorias periódicas de las sentinas, de forma coordinada entre los puertos firmantes de la directiva Marpol. Si un barco sale de puerto con las sentinas llenas y llega a destino con ellas vacías e impecables es lógico deducir que se deshizo de los residuos en ruta.

La segunda parte del problema son los vertidos en el interior de la ría y en el mismo puerto. Parece poca cosa, pero su efecto es acumulativo.

Si ahora mismo nos acercamos a cualquier zona de atraque del puerto comercial, pesquero o las marinas deportivas, descubriremos ese feo arcoiris de los hidrocarburos en el agua que no deja lugar a dudas.

El puerto de Vigo, dicen, cuenta con una exigente certificación ambiental. El problema es que los vertidos cotidianos son eso, cotidianos, y los grandes sentinazos a veces son tan desconsiderados que se producen fuera de horario de oficina, incluso fines de semana.

Cuando llega la respuesta y se procede a la limpieza suele ser demasiado tarde.