Pasa el entroido por ser irreverente, faltón e ingenioso. Por saltarse las normas, por disparar a todo lo que se mueve, por ser ajeno al poder. Pasa por recortar al que recorta, por reírse del que se ríe, por quemar al que quema. Pasa el carnaval por eso y por más; pero en Vigo, Don Carnal es nombre de edil. Ya no porque lo inauguren el alcalde y sus fieles -no, no eran señores disfrazados-, que, en fin, es lo que hay, sino porque la Praza do Rei pone la partitura, escribe la letra, toca la música y sale en la portada.
Ahí van los datos. El carnaval oficial lo organizan en Vigo dos asociaciones, la Agrupación de Centros Deportivos e Culturais y la Federación de Peñas Recreativas El Olivo. Cada año, firman un convenio con el Concello. Este paga, aquellas organizan. Este año, el Ayuntamiento soltó 85.000 euros; ¿y quién fue el Meco que ardió en la Porta do Sol ante la sonrisa del alcalde para la foto? El nuevo hospital de Vigo, proyecto estrella de la Xunta, baza electoral del PP y blanco de los disparos diarios de Caballero. Sería casualidad. Y no hay queja, pues hay mucho que reprochar al Sergas. Pero el año anterior, el Ayuntamiento puso 75.000. El Meco fue Feijoo pisoteando la sanidad pública y con un lema que decía «Contra a bota, o voto». Casualidad.
En el 2013, 85.000 euros. El meco, Rajoy a punto de hacer explotar dinamita sobre el Hospital Xeral, símbolo de la sanidad pública.
En el 2012, 95.000 euros del Concello, con Merkel manejando a un títere con la cara del presidente del Gobierno.
En el 2011, 120.470 euros. El meco era la fusionada NCG, a la que se opuso el Concello, bautizada como Nocaga.
Y está bien. Aplaudo el ingenio y la irreverencia. Pero, vaya, se echan de menos en el entroido vigués, mecos de otro tiempo, como el multamóvil o el PXOM. Irreverentes. Faltones. Y menos oficiales; pague quien pague.
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