Los cafés y pubs que invitan a la lectura con una amplia biblioteca no solo han logrado sobrevivir a la difícil situación económica, sino que cada vez son más los que se apuntan a la tendencia de traspasar la barra para abrirse a otros campos
18 ene 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Algunos llevan abiertos 32 años; otros, solo días. Resulta cuando menos paradójico que en la era de Internet no solo se mantengan los bares que ofrecen la lectura de un buen libro, sino que cada vez sean más. Y es que todavía son muchas las personas que se niegan a abandonar el acto de dar la vuelta físicamente a una página. Es lo que han pensado ciertos empresarios al optar por incluir en la decoración de sus locales estanterías con todo tipo de obras.
Café Uf. Situado en el número 19 de la calle Placer, ha sido pionero en la combinación de café y lectura, con la que va a cumplir 32 años. No solo ofrece la posibilidad de leer en el local, sino que también vende obras de la editorial independiente Maldoror, muchas de ellas inéditas y de autores del Este. También existe la posibilidad de comprar libros de segunda mano. «Desde el principio hemos tenido biblioteca para leer y también hacemos un mercadillo de discos, cedés, libretas artesanas y otras cosas que hacemos», explica el propietario, Francisco Araujo. La oferta cultural se completa con recitales de poesía, conferencias, teatro, charlas y actuaciones musicales.
«La gente viene a tomar una copa o una de las numerosas infusiones que tenemos y se encuentra con libros de todo tipo: prosa, poesía, novela ensayo; hay tanto literatura actual como clásica, además de revistas», añade.
Su horario es de diez de la mañana a una y media de la madrugada, excepto viernes y sábados, que echa el cerrojo hora y media más tarde. A cambio, no abre por la mañana y el domingo, cierra.
The Irish Harp. En el 62 de Rosalía de Castro, este pub irlandés está especializado en literatura de ese mismo país para entonar con una buena cerveza o un café de la misma tierra. «La idea de poner libros en el local la importamos de Irlanda, donde es muy habitual, compramos los libros allí y los colocamos cuando abrimos, hace dieciséis años», comenta el propietario, Odilo Rodríguez. «Hay cosas muy interesantes, la mayor parte en inglés, pero también hay otras en español, que compramos aquí», apunta. Se puede disfrutar de este local todos los días del año entre las ocho de la mañana y las tres de la madrugada.
Van Gogh. En el 28 de Rosalía de Castro, es desde el 2001 toda una referencia de los cafés con biblioteca. Su propietario, Jordi Casadó, relata qué fue lo que le llevó en su día a adoptar este formato: «Optamos por la oferta de libros porque es nuestra filosofía, ofrecer un espacio cultural, además de poder tomar algo, que la gente se siente a conversar y coja un libro». Antes los clientes leían mucho las enciclopedias, ahora, aunque se siguen usando, cogen otros libros de temas como por ejemplo jergas, dichos populares y frases típicas, mientras esperan por alguien o, cuando acuden solos, para entretenerse. Entre la oferta, hay de todo, libros antiguos y actuales, de arquitectura, decoración, cine... A los que se puede echar un vistazo en el local, que permanece abierto entre las diez y media de la mañana y las tres de la madrugada.
Detrás do Marco. Ubicado en la calle Londres, como su propio nombre indica, detrás del Museo de Arte Contemporáneo (Marco), en julio cumplirá cinco años, pero la zona de librería abrió solo hace unos meses. De ella los clientes se pueden servir para leer en el local, pero también los pueden comprar, sobre todo, obras de la editorial Elvira, que es su fuerte, y de la que también se hacen presentaciones de libros. Narrativa, poesía y un hueco importante para el poeta Carlos Oroza, por el que sienten gran admiración. Tampoco falta literatura infantil y revistas como Luzes. «Es un espacio interactivo, la gente viene a tomar un café y puede leer, ver las obras expuestas e incluso exponer. Las obras se cambian todos los meses», explica Francesca da Silva, una de las responsables del local de Javier Romero.
«El público es muy variopinto, porque no hay locales donde puedas mezclar y hacer varias cosas. En general, es gente que le gusta la cultura», añade.
El horario habitual es de 09.00 a 23.00 horas, aunque algún sábado se puede prolongar un poco. Los domingos, descansan.
Cafetería Tragaluz. En el número 10 de Venezuela, aunque el establecimiento tiene un cuarto de siglo de vida, su actual propietaria, Eva Baliñas, solo lleva dos años al frente, con su marido Alfonso. «Los libros los puse la pasada Semana Santa, cuando hicimos la reforma, con tres zonas de sofás. Como yo soy muy lectora, todos los libros que tenía en casa los traje al local. Tal y como están las cosas, hay mucha gente que no puede comprarlos porque son muy caros. Yo, por ejemplo, si me engancha un libro, lo leo en tres días, y eso supone dinero», se lamenta Baliñas.
Y es que en este caso, además de poder leer en el interior de la cafetería, se hace intercambio de obras. Los clientes dejan la suya y, a cambio, se llevan otra. Una experiencia que se ha puesto en marcha en otros locales, aunque la mayoría de las veces, con carácter temporal. «No importa que un libro tenga más valor económico que otro, el caso es participar en la cadena. Luego, si quieres, lo vuelves a traer y te llevas otro», añade. Obras juveniles, clásicas, comedia y autores como Antonio Gala y Camilo José Cela figuran en los estantes, en los que también se advierte mucha literatura infantil. «Al estar frente al colegio de los Salesianos, viene mucha mamá con los niños y les llama la atención». Abre desde las 06.00 horas a la una de la madrugada y no cierra nunca.