Sale del coma el policía nacional herido de dos balazos en el atraco mortal de Vigo

e. v. pita / j. m. pan VIGO / LA VOZ

VIGO

Las investigaciones apuntan que Vicente Allo tampoco llevaba chaleco antibalas

03 dic 2014 . Actualizado a las 02:35 h.

Vicente Allo Barona, el subinspector de la Policía Nacional herido en el atraco mortal de Vigo, se despertó ayer del coma inducido en la uci del hospital Xeral-Cíes. Su hermano contó a través de Twitter que el agente pronunció a través de su máscara de oxígeno sus primeras palabras al oído de su padre para interesarse por sus compañeros. Su progenitor le respondió: «No te preocupes por nada, duerme, Vicen, estás con nosotros y te vas a poner bien». Los médicos lo han desintubado. «Lo tenemos por fin entre nosotros», dijo su hermano al dar la feliz noticia en un texto que difundió la UFP, el sindicato al que pertenece el herido.

Mientras, un informe oficial dio por resuelto el enigma de las cinco balas que supuestamente había recibido el cuerpo del subinspector y jefe del grupo de Vanessa. En realidad, Allo recibió dos disparos con orificios de entrada y salida. Un trozo de hueso habría abierto el quinto agujero. Todo apunta a que la Policía Científica halló sin saberlo dichas balas en el escenario del tiroteo y, ahora, especialistas de Madrid, que elaboran el informe balístico, deben identificarlas. Deberían estar impregnadas con restos de epidermis de la víctima.

La clave para aclarar el misterio fue el informe médico de Vicente Allo. Él estuvo en cuerpos de élite como los GEO, en los que los policías son entrenados para saber reducir los riesgos en un tiroteo y ofrecer el mínimo blanco al oponente. Por eso, cuando el atracador comenzó a disparar, se puso de cuclillas y de canto. Al agacharse, quedó en una posición inferior a la del asaltante y un disparo le impactó en el pecho. El informe indica que debido al estrés, su musculatura se puso rígida, la bala entró por el pecho, golpeó contra una costilla, la astilló, rebotó y salió en un ángulo oblicuo por el hombro izquierdo. Un trozo de hueso le causó lesiones en el pulmón y le inflamó la zona. Se piensa que fue dañado por una bala que no fue hallada. Y los cuatro disparos bajo la clavícula han quedado reducidos a dos. En un caso, entró una bala, rompió un hueso, rebotó y salió tras abrir un orificio.

Lo que sí parece confirmarse es que Vicente Allo tampoco llevaba chaleco antibalas cuando se acercó a la sucursal bancaria, tal y como anunciaron las autoridades la misma noche de los hechos. Así lo indica un primer avance de la investigación interna que realiza la Policía Nacional sobre el suceso.

Siguiendo el protocolo, la policía relevó del servicio a los otros dos agentes intervinientes en el tiroteo. Aquel día acudieron cuatro a la sucursal bancaria. Los otros dos eran Vanessa Lage, que murió, y Vicente Allo. También ha retirado las pistolas a todos los uniformados que llegaron después aunque no hubiesen disparado. Algunos testigos dicen que llegó un tercer coche de policía al atraco, pero la comisaría lo descarta.

Solo falta reconstruir la secuencia de los disparos, en lo que van a trabajar los laboratorios de Madrid. Las balas recogidas en el escenario serán estudiadas por microscopio para reconocer su marca y saber qué pistola disparó cada cartucho. Los informes de balística aclararán las trayectorias de todos los proyectiles. Los agentes científicos localizaron 37 cartuchos y 102 marcas de impactos, incluidos rebotes de balas o esquirlas en un tramo de calle de 50 metros, a la altura del número 47 de Doctor Carracido. La policía ve posible que algunas balas aparezcan más tarde en los sitios más insospechados. Se habla incluso de que un agente recibió un golpe en el ojo con un proyectil.

En el escenario es fácil observar que hubo dos trayectorias de balas, una paralela a la calle, en la que el atracador disparó a la policía abatida, y otra ráfaga perpendicular, desde la acera de enfrente, que derribó al asaltante. Algunos testigos dicen que hubo un disparo final tras cesar el tiroteo, pero la policía cree que, en caso de haber existido, pudo ser un tiro al aire que se lanzaría instintivamente. También hay marcas en el suelo por las caídas en vertical de balas.

Fuentes policiales sostienen que el atracador «no dio ninguna opción porque disparó al aire y luego a los policías, todo fue muy rápido». Los investigadores se preguntan por qué Enrique Lago, el Escayolista, actuó así, e incluso va a comprobar si había alguna orden de desahucio o embargo sobre su casa.

Otra duda que parece despejada es si el delincuente actuó solo. Un médico ha confirmado que padecía una enfermedad terminal por lo que la policía cree que no estaba en condiciones de ir muy lejos a pie y menos, correr con el botín a cuestas. Todo hace pensar que tenía la furgoneta de su empresa aparcada en una esquina de la calle, lista para huir. En principio, creen que no contaba con ningún cómplice pero se preguntan quién le pudo haber facilitado la pistola y los tres cargadores, cada uno con 12 o 15 balas, algo inusual incluso para los atracadores más profesionales por lo engorroso que les resulta. El arma tendrá que ser cotejada para comprobar si estuvo implicada en más delitos. Sobre la pistola eléctrica que dicen haber visto una empleada y una clienta, la policía no sabe nada y cree que pudieron confundirla con otro objeto.

Del registro en la casa del atracador, en Cabral, la policía no ha informado de nada relevante. De allí se llevaron cajas con objetos personales y no parece que tuviese más armas guardadas.

Un enigma es saber por qué Lago rompió dos décadas alejado del delito. Su última detención databa de 1986 y había sido realizada por la Guardia Civil. En la brigada antiatracos ya no se acordaban de él, no así de un hermano suyo, ya fallecido, a quien los expertos consideraban más peligroso. El Escayolista fue abatido de varios disparos tras matar a la agente Vanessa Lage.