La flota incendiada en 1702 en Rande no fue ajena al contrabando propio del comercio con América
02 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.En 1702, cuando en octubre se registra la batalla de Rande, el sistema de flotas entre España y América ha entrado en crisis. En realidad, a causa del éxito. Porque son demasiadas las riquezas a transportar, tan cruzados los intereses entre comerciantes, y tan ingobernable el problema de la piratería y la actividad de otras potencias.
Pese a la eficacia demostrada hasta entonces por las flotas, la población americana creció tan rápidamente que pronto fueron insuficientes las mercancías que se podían transportar desde la península ibérica. Así que vino a suplir estas carencias el contrabando realizado por naciones enemigas, ávidas de participar de las riquezas del nuevo continente.
El error principal de la Casa de Contratación fue no advertir que un sistema válido para cubrir las necesidades de cien mil españoles en América, no serviría siglos después para una población de cuatro millones. Desde el siglo XVI, el tráfico ilegal era práctica común. Esta puerta fue abierta por el corsario inglés John Hawkins, que en la segunda mitad de la centuria comenzó a introducir impunemente esclavos africanos en las nuevas colonias. Con el tiempo, el contrabando se extendió hasta alcanzar sus más altas cotas en el siglo XVIII, cuando Inglaterra, Holanda, Suecia, Francia, Dinamarca, Escocia, Prusia, Rusia, Turquía y, finalmente, los Estados Unidos dedicaron grandes flotas a traficar con las colonias españolas.
El fenómeno no surgió solo por el desabastecimiento, sino por el precio mismo de los productos. España, con una industria débil, se veía obligada a adquirir las manufacturas en el extranjero, lo que provocaba su encarecimiento. Por el contrario, ingleses, franceses y holandeses podían fletar sus mercancías a precios más competitivos.
Tejidos, bebidas alcohólicas y herramientas fueron los géneros más demandados en América, mientras que los contrabandistas obtenían maderas nobles, azúcar, tabaco, algodón o cacao, aunque rara vez metales preciosos.
Oro y plata eran más exclusivos de los españoles, aunque esto no significaba que no llegasen a otras naciones, ya que desde comienzos del siglo XVII son los extranjeros los principales beneficiarios del comercio con Indias. A través de testaferros españoles, se estima que casi el noventa por ciento del capital entre América y Sevilla pertenecía en realidad a franceses, holandeses o ingleses. Es por esto que el botín obtenido en la batalla de Rande afectase duramente a los comerciantes europeos. De alguna forma, los vencedores se «robaron a sí mismos».
Precedente en Lisboa
Burlar a la Casa de Contratación era el objetivo de los defraudadores. El organismo había sido creado en 1503 por los Reyes Católicos y tenía su precedente en la Casa da India, de Lisboa. En principio, se pretendía que controlase el comercio para la Corona, pero fueron tales las riquezas descubiertas que pronto fue imposible mantener un monopolio.
Sevilla fue su sede y el siglo de su apogeo fue el XVI. Desde 1524, pasó a depender del Consejo de Indias, que fiscalizaba su actuación. Tres oficiales reales gobernaban la institución. El tesorero computaba los bienes que entraban y salían de América, además de gobernar las propiedades de los fallecidos en el nuevo continente. El factor se encargaba del aprovisionamiento y revisión de los buques. Y, para terminar, un contador estaba al frente de la contabilidad del organismo.
Junto a la organización estrictamente comercial, la Casa de Contratación contribuyó de forma decisiva al desarrollo de nuevas técnicas de navegación. Así, encargó la confección de cartas náuticas que ayudasen a las flotas en su singladura e impulsó nuevas técnicas de cartografía y navegación. En 1508, por cédula de Fernando El Católico, se nombró a Américo Vespuccio, Piloto Mayor de la Casa de Contratación, con el fin de que examinase a los capitanes de las naos.
Paulatinamente, todos los defectos de la administración española se apoderaron de la Casa de Contratación, tomada a menudo por la burocracia y la corrupción.
Sevilla, centro del mundo
Con todo, a la ciudad de Sevilla se la llegó a conocer, en el siglo XVI, como la «capital del comercio ecuménico y centro del mundo». Pero nada dura eternamente. Y los bajíos de Sanlúcar de Barrameda hicieron cada vez más difícil la llegada de barcos. Pronto se autorizó a Cádiz a recibir algunas naves, más tarde se abrió allí un Juzgado de Indias y, finalmente, en 1717, al término de la Guerra de Sucesión, la Casa de Contratación fue trasladada a la capital gaditana.
Pero, en el convulso año 1702, el de la batalla de Rande, Sevilla era aun la ciudad que tomaba las decisiones. Y el papel que la Casa de Contratación ante los sucesos de Vigo fue crucial para entender la evolución de los acontecimientos. La burocracia, los retrasos, la picaresca y el contrabando contribuyeron a un desastre naval que terminó con la flota que trasladó entre América y Europa las mayores riquezas que jamás cruzaron el Atlántico.