Desamor al arte

VIGO

30 jul 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

No es infrecuente que un afortunado comprador pague cuatro euros por un cuadro, una cerámica o una primera edición de Rayuela en algún mercadillo londinense, parisino o madrileño, y descubrir después que lo pintó Dalí, lo modeló Picasso o tiene estampada la firma de Julio Cortázar. Primero le temblarán las piernas de pura adrenalina, luego Sotheby?s o Christie?s quizá le arreglen media vida y, para acabar, el director de la sucursal bancaria se pondrá al teléfono cada vez que llame. Mientras tanto, el vendedor de la obra de arte, que no sabía que era tal, se tirará de los pelos el día que lea la noticia en los periódicos y descubra que lo más valioso de la herencia de la tía Maripuri no era, como erróneamente pensó, el Mercedes del 72.

La familia y los amigos lamentarán el error, pero perdonarán a nuestro despistado heredero conscientes de que jamás pudo imaginarse que, en realidad, se estaba desprendiendo de una joya. Lo que no se entiende es que pueda hacerse algo así a sabiendas. Es, en gran medida, lo que ha pasado con Unidad abierta, la escultura que lleva la firma de Xuxo Vázquez y que un buen día, sin mediar explicación, el Concello retiró de la rotonda de Balaídos para colocar una obra de un escultor novel.

Xuxo Vázquez, que esculpió su Unidad abierta con motivo del Mundial 82, aquel que ganó Igalia tras iniciar su andadura en Vigo, nunca recibió explicaciones de lo que había pasado. El enfado del artista, cuya obra puede ser contemplada desde Madrid a Pekín y que luce en sus estanterías hasta cinco medallas de oro -dos de ellas internacionales- debe ser monumental tras descubrir que el Concello piensa vender su obra como chatarra. Quizá un comprador, en este caso avispado, termine poniendo en valor lo que el Concello desprecia. Está claro que es difícil, muy difícil ser profeta en la tierra. Y que a veces prima el desamor al arte.

soledad.anton@lavoz.es