A finales de los años sesenta, el alcalde Rafael Portanet encargaba al arquitecto madrileño Emilio Garrido el proyecto de ordenación de la playa de Samil. El plan incluía la construcción de un paseo, dos aparcamientos, restaurantes, vestuarios y una zona ajardinada. «Con esto pretendemos acabar con la anarquía que reina en la zona de Samil, repleta de chabolas inmundas», decía el alcalde franquista en un pleno celebrado en enero de 1970.
Esta iniciativa fue enérgicamente respondida por un grupo de intelectuales vigueses, encabezados por Valentín Paz Andrade, que llegaron a realizar un manifiesto contra «la mole de cemento».
El alcalde Antonio Ramilo, que sucedió a Portanet, retranqueó un metro el muro, pero siguió adelante con el proyecto, que fue abierto a los vigueses en mayo de 1972 sin que se produjera ningún acto inaugural. El presupuesto inicial de este proyecto era de diez millones, que al final se quedaron cortos.