27 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

Dicen que la leyenda negra comienza con la Historia de Galicia, de Manuel Murguía. El marido de Rosalía sienta las bases de que Vigo no tiene historia. En general, transmite que somos de ayer, como quien dice.

Desde aquella obra, la idea ha sido muy difundida, a menudo con la intención de rebajar a una ciudad que, desde mediados del siglo XIX, emerge como la más importante de Galicia. Lo cual incomodó a otras poblaciones asentadas en privilegios administrativos ancestrales.

Pero, como es obvio, aquí no surgió una ciudad por generación espontánea. Esto no es Brasilia, una capital que nació poniendo un dedo en un mapa. Porque Vigo no sólo tiene historia.

Tiene también prehistoria, como lo certifica el rico patrimonio de mámoas o petroglifos repartidos por todas sus parroquias. Aquí, los cavernícolas ya vivían con vistas al mar y se pegaban unas mariscadas de órdago, como lo certifican los depósitos de conchas hallados en las islas Cíes.

Pero es en la época romana en la que más se ha avanzado en el último medio siglo. Desde las estelas funerarias de la calle Hospital a la finca de Toralla, pasando por la columna encontrada en Beiramar, las ánforas de Areal, las fábricas de salazón o el mercante romano de Cabo do Mar.

Está calando la idea de que Vigo ya era importante en época romana, aunque languideciese en la Alta Edad Media. La prueba es la asociación cultural Burbida Magna, que ya tiene cerca de doscientos socios, muchos de ellos de Navia, que celebra vulcanalias en agosto.

Gusto daba ver estos procónsules, centuriones, senadores, vestales, lupaes y patricias en la inauguración del Centro de Interpretación de la villa romana de Toralla. Que la historia llegue a convertirse en fiesta es el mejor signo de normalidad. Por fin nuestra ciudad se reconoce a sí misma...

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