Guerra bacteriológica en la frontera miñota

Los servicios secretos alemanes en la Gran Guerra planearon provocar un brote de cólera en tierras gallegas


Aunque no alcanzó la intensidad de la II Guerra Mundial, la Gran Guerra convirtió a Galicia en un nido de espías, dedicados a abastecer a los submarinos alemanes o a informar sobre el movimiento en los principales puertos. También, a garantizar o intentar sabotear las comunicaciones, bien a través del Cable Inglés, bien con los sistemas de radiotelegrafía instalados por los alemanes en Vigo. Lo que es menos sabido es que el país estuvo a punto de vivir también la guerra bacteriológica en primera línea.

Los agentes alemanes, ingleses y franceses asentados en Vigo desarrollaron su guerra sucia desde 1914 a 1918. Una de las misiones de los espías era sabotear los intereses enemigos en España. En especial, se buscó boicotear la exportación de materias primas, medicinas o alimentos.

Especialmente activa fue Alemania, que contaba con el «Servicio S», encargado del sabotaje e incluso de la guerra biológica. Según cuenta el historiador Eduardo González Calleja en su obra Nidos de espías, a través de los puertos llegaron cargamentos de gérmenes patógenos, como el ántrax, destinado a infectar al ganado, en especial a los caballos y mulas que podían ser enviados al frente aliado.

El investigador recoge en su obra un telegrama fechado el 7 de junio de 1916, e interceptado por Francia, en el que un agente proponía contaminar con cólera los ríos de la frontera entre España y Portugal, incluido el Miño. Aunque, finalmente, el plan fue desechado por Berlín, la operación estaba completamente definida para que los animales de Galicia y el norte portugués fuesen infectados y se crease un brote de cólera que habría sido catastrófico para la población.

Y es que el espionaje en la I Guerra Mundial fue intenso y se usaron todos los medios. Aunque no se conocen en Galicia operaciones de eliminación física de agentes que, en general, fueron muy escasas en España, aunque sí hubo asesinatos y envenenamientos

Principales puertos

En Galicia, había sobre todo agentes secretos en los tres principales puertos: Vigo, A Coruña y Vilagarcía. Su misión principal era señalar la entrada y salida de buques. Los aliados podían así planificar sus rutas. Y los alemanes, fijar objetivos para sus U-boot. «Había gente que estaba dedicada casi en exclusiva a ver los barcos que entraban, el cargamento que llevaban y cómo se llamaban», como explica el investigador José Antonio Tojo Ramallo. Su información era muy valiosa. En cuatro años de contienda, casi cuatrocientos buques fueron hundidos en aguas gallegas.

En realidad, Galicia ofrecía importantes ventajas geográficas para alemanes y aliados. De una parte, su intrincada costa era favorable al refugio de submarinos U-boot, que en la Gran Guerra todavía carecían de la autonomía de que gozaban en la segunda contienda mundial. Era un arma casi experimental que precisaba constante suministro de víveres y combustible. Por otra parte, en los puertos gallegos había buques internados, que seguían operativos, bien como nidos de espías, bien como centros de telecomunicaciones.

El Cable Inglés

Eduardo González Calleja afirma que el ambiente general en las ciudades gallegas era partidario de Alemania: «La mayor parte de las autoridades militares eran germanófilas, y algunas netamente antifrancesas». Había, sin embargo, una fuerte corriente anglófila radicada en Vigo, por sus oficinas del Cable Inglés.

Mientras que los franceses tenían agentes en seis puertos: A Coruña, Ferrol, Vilagarcía, Vigo, Corcubión y Viveiro, que ocasionaban un gasto de cien pesetas mensuales al servicio secreto galo. Los cónsules franceses (Prat, en A Coruña, y Vachez, en Vigo) organizaban la vigilancia de la costa en Galicia. En Vigo había un espía español a sueldo de los franceses, y dos portugueses que operaban en A Guarda y Camposancos.

En ocasiones, los espías vivieron momentos de gran tensión, como cuando el embajador inglés Arthur Henry Hardinge denunció, en mayo de 1918, que el vapor Niedenfelds, bloqueado en Vigo, había hecho señales y abastecido a un U-boot en medio de la ría. El servicio secreto francés puso en alerta a sus agentes para que vigilasen estas operaciones o la huida de soldados alemanes a través de los puertos gallegos. Pocas semanas más tarde, una nueva denuncia aseguraba que el Goeben, también internado en la ría viguesa, enviaba radiotelegramas y había evacuado a cinco marineros procedentes de un sumergible.

Eran las aventuras del espionaje en Vigo durante la I Guerra Mundial. Que a punto estuvo de llegar a la guerra bacteriológica. El sentido común se impuso en Berlín en esa decisión y evitó una auténtica tragedia.

eduardorolland@hotmail.com

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