Ojalá se pudiera decir que nueve concejales del PSOE de Vigo son unos maleducados. Ojalá se pudiera decir que se comportan como niños. Ojalá se pudiera afirmar que no saben ganar. En el pleno del viernes pasado, en el que aprobaron los presupuestos del Concello gracias al pacto con el PP, los nueve ediles se pusieron a hablar entre sí de manera ostentosa cuando la portavoz del BNG tomó la palabra, haciendo gestos aparatosos y provocando ruido. No es que no quisieran escuchar, es que además pretendían que se notase que no querían escuchar. Querían presumir. Y ojalá se pudiera decir que les fallaron las formas o que no supieron estar. Pero no, no es una cuestión de formas. Qué va. Ojalá. Pero es mucho más. Lo que los nueve hicieron el viernes fue demostrar cuál es su concepción de la política.
Poseer un acta de concejal y sentarse en un salón de plenos no es solo decidir dónde se hacen obras, qué becas se reparten, cuántas subvenciones se reparten a aerolíneas o si se aprueba un presupuesto. No solo es gestionar. Ser concejal es ser un delegado de los ciudadanos, es representar a 300.000 personas. Es ser su voz y sus oídos. Quien no esté dispuesto a escuchar a los ciudadanos o a sus representantes, a los que apoyan y a los que disienten, mejor que se quede en su casa. ¿Existe algo más inútil que un político que presume de que no quiere escuchar?
Esos nueve se llaman Carmela Silva, Carlos Font, Isaura Abelairas, Raquel Díaz, Santos Héctor Rodríguez, Manel Fernández, Ángel Rivas, Chus Lago y David Regades. Merece la pena descubrir cuál es su concepción de la política en el vídeo colgado en la web de La Voz. Cómo gesticulan, cómo actúan, cómo provocan, cómo vocean y cómo finalmente se avisan y bajan la cabeza, avergonzados, cuando descubren que los están grabando. Y conviene recordar sus nombres. Porque esos nueve no deberían seguir siendo concejales.
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