No estamos sordos los vigueses. Vamos camino de ello porque la contaminación acústica es elevada y su control, muy escaso. Pero por ahora, el grueso de la población no necesita audífonos. También, afortunadamente, la mayoría de los ciudadanos saben leer. La prueba fehaciente de que los políticos siguen yendo por detrás de la sociedad es que llevan décadas anclados en costumbres de las que no hay manera de que se apeen. Ni se dan cuenta. El reparto de propaganda en la que se gastan un dineral va, en el 99 % de los casos, directamente a la papelera sin abrir. A los mítines solo van los que ya están con ellos. Y continúan practicando una forma de comunicación que además de ser una lata, a estas alturas se ha convertido en antiecológica, maleducada y políticamente incorrecta.
¿A qué viene a estas alturas salir por las calles con coches armados de altavoces atronando con megáfonos? En el pasado tenía su sentido, pues no había muchos modos de dar a conocer a los paisanos las novedades de las villas y ciudades y la mayoría eran analfabetos. Por eso había alguaciles y pregoneros que cantaban a voz en grito lo que se terciaba. No hace muchos años los comerciantes también se valían de este método peñazo para introducir su mercancía. Colchoneros, churreros, afiladores y vendedores de crecepelo recorrían las localidades incitando a los residentes a hacer gasto.
Pero estamos en el siglo XXI, casi todo el mundo usa Internet para enterarse de lo que pasa en el mundo, la prensa escrita todavía existe y admite anuncios y, además, la cartelería electoral empapela las ciudades sin piedad. Entonces, ¿es verdaderamente necesario molestar a la gente haciendo ruido para instigar a que acuda a un mitin? ¿Qué puedes esperar de partidos políticos que ni se plantean dejar atrás tradiciones rutinarias tan rancias como esa?
begona.sotelino@lavoz.es