Es sabido que las Cíes son un archipiélago perdido de la Atlántida. Tal vez por ello son mágicas y tienen naturaleza de espejismo: nunca están dos días en el mismo sitio. Da igual donde se sitúe el observador: si las miras, a veces parecen tan cerca que podrías alcanzarlas con los dedos. Otras, se muestran lejanísimas, como si perteneciesen a otro continente. Este fenómeno único, a veces se produce de la mañana a la noche o en una misma tarde. Las Cíes se mueven. Nadie sabe cómo ni por qué.
Decía Álvaro Cunqueiro que, en los días brumosos, las islas que cierran la ría «parecen de leyenda de una saga nórdica». El de Mondoñedo las veía un territorio de Odín, desde donde el dios escandinavo controlaba los nueve mundos. Y algo divino debe haber en esta parroquia insular del Concello.
Las Cíes son administrativamente parte de Vigo. La misma Policía Local que va por la ciudad poniendo multas, en verano patrulla por la arena de Rodas. Los ves allí y resulta tan incongruente como una escena de Amanece que no es poco. Y es que no hay muchas ciudades en el mundo que puedan presumir de tener un parque nacional en su mismo término municipal. Todo es raro en las islas Cíes...
El diario The Guardian acaba de descubrir que su cámping es uno de los mejores del mundo. Hace tres años, ya señalaron a Rodas como la mejor playa del planeta. Pero esto, aquí, ya lo sabíamos. Nos basta una sensación que todo vigués que haya pernoctado en las Cíes conoce perfectamente. Se trata de un momento mágico que se produce en verano a las 9 de la noche. A esa hora, zarpa el último barco. Y se lleva con él un murmullo de gente que se va apagando con el tiempo. De pronto, todo queda en silencio. Quien haya vivido la experiencia de ese anochecer y de esa calma, con el catamarán alejándose ría adentro, no la olvidará nunca.
Pero la magia de las Cíes tiene que tener una explicación lógica. Y yo la he encontrado en 20.000 leguas de viaje submarino. En la novela, el Nautilus llega a la ensenada de San Simón el 18 de febrero de 1868. Como el libro está escrito como un diario, es posible determinar la fecha exacta. De la que, por cierto, se cumplirán 150 años el próximo 2018. Esperemos que no se pierda la ocasión de festejar tan fantástica efeméride.
Pero vamos al caso. Tras sumergirse en Rande y rescatar los tesoros de los galeones, hundidos en la dantesca batalla de 1702, el capitán Nemo dirige el Nautilus hacia las islas Cíes. Y, a la mañana siguiente, aparece en la Atlántida. Así se titula ?La Atlántida- el capítulo que sigue a La bahía de Vigo. Por lo tanto, el mítico continente sumergido está ahí, delante mismo de la ría, a pocas millas náuticas de Cabo Silleiro.
Verne sigue a Platón, quien situaba la Atlántida «delante de las columnas de Hércules». Y, por lo tanto, en el Atlántico más allá del estrecho de Gibraltar. Así que todo encaja. Las Cíes son el último archipiélago de continente perdido y no hace falta que las declaren Patrimonio de la Humanidad. Bienvenido sea el título, pero no lo necesitan. Porque tienen algo mucho más importante: son mágicas.