El alcalde de Vigo, Abel Caballero, presume de gestionar la ciudad menos endeudada de España, pero basta ver el caso de Analía Melón, la mujer que hoy se va a la calle con sus dos hijas menores por no poder pagar el alquiler, para salir de ese espejismo que nos vende y darnos de bruces con la realidad. Culpar a la Xunta de Galicia de la falta de apoyo y marginación de la ciudad más importante de Galicia es una táctica recurrente del regidor socialista para encubrir su falta de gestión. Resulta lamentable que ahora también eche balones fuera diciendo que él hizo sus deberes para con esta familia al borde del precipicio y que espera que la Xunta le pague la risga pronto. Pues poco tiene que esperar Analía Conde de una Consellería de Supuesto Benestar Social que recibe tirones de orejas de los jueces para que distribuya los recursos entre los más necesitados.
Haber llegado al extremo de que una vecina de Vigo se vea abocada a la mendicidad con sus dos hijas resulta un fracaso de los servicios sociales municipales. No tiene ninguna lógica que habiendo pisos vacíos de propiedad pública en la ciudad una mujer con dos niñas de 10 y de 15 años no sepan dónde van a dormir esta Nochevieja ni los días siguientes. Habría que decirle a Abel Caballero que deje de hacer obras inútiles como esos aparatos que ha colocado en el túnel de Beiramar que no sirven para nada, porque todos los conductores sabemos que allí hay radares, todos tenemos medidores de velocidad en los coches y, sobre todo, no conducimos mirando hacia las nubes. Debería dedicar más recursos para atender emergencias sociales como las de Analía Melón, que son más de las que parecen en Vigo, aunque no salgan en los periódicos. Como bien dice la portavoz de Stop Desahucios, Carlota Pérez, que alguien les eche una mano porque hace frío y está lloviendo.
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