La sabiduría vuelve al tablero

Dos vigueses lanzan «Sabidurius», un juego de mesa analógico convertido en obra de arte en tiempos digitales, diseñado por ellos y fabricado en Galicia

Eduardo Armada, el pintor Ramón Trigo y Miguel Carrera echan una partida al juego que han creado.
Eduardo Armada, el pintor Ramón Trigo y Miguel Carrera echan una partida al juego que han creado.

Vigo

Sabidurius no tiene la intención de abandonar la mesa. Poco importa que Apalabrados triunfe en el teléfono móvil. O que se imponga el juego en línea en las redes sociales. O que en España se descarguen 4 millones de apps cada día. O que divertirse sea catapultar pájaros cabreados sobre cerditos verdes, en Angry Birds. Porque el mundo de lo digital es ajeno al juego que han patentado Eduardo Armada y Miguel Carrera. Y que, con el diseño del pintor Ramón Trigo, es también una obra de arte. Para pasárselo en grande en analógico, como en los viejos tiempos. Así que, si hacen falta ideas contra la crisis, estos vigueses han tenido una muy acertada.

Sabidurius está en el mercado desde principios de diciembre. Se basa en el antiguo juego del diccionario, un clásico entre universitarios para matar tardes aburridas. Miguel Carrera lo conoció en 1995 y le encantó. Consistía en coger el diccionario, elegir una palabra rara y hacer que los participantes inventasen una definición. No ganaba quien diese con la respuesta correcta, sino quien recibiese más votos, aquel que con imaginación y redacción lograba hacer más verosímil su definición.

Carrera registró entonces, hace 18 años, la idea en el Registro de la Propiedad Intelectual. Pero no pudo trasladarla al tablero hasta el pasado año, cuando se la comentó a Eduardo Armada. Juntos idearon el juego completo. «Tuvimos que diseñar las fichas, las tarjetas, la mecánica, las instrucciones... nos dio trabajo, pero también lo pasamos muy bien», explica Armada.

En el camino creativo apareció el pintor Ramón Trigo, quien se brindó a hacer el diseño. «Le pedimos unos bocetos sencillos pero creó 30 cuadros que han convertido Sabidurius en una obra de arte», afirma Armada.

Tras el diseño, llegó el momento de probar el juego. Entre amigos y familiares, contabilizaron cientos de partidas hasta que la mecánica fue perfecta. Por el camino, quedaron las palabras que mejor funcionaron. «Recuerdo meliponinos, que de hecho está incorporada a las tarjetas», explica Eduardo, «la palabra designa a unas abejas sin aguijón, algo que casi nadie sabe, pero da lugar a definiciones disparatadas; de hecho, la correcta no la vota nadie».

Sabidurius incluye 900 palabras del diccionario de la Real Academia, escogidas con mimo para que den lugar a equívocos. El juego, según sus creadores, funciona para todas las edades y con cualquier formación cultural. Se trata de inventarse una definición que suene verosímil, no que sea correcta.

A principios del 2013, comenzaron el proceso de comercialización. «Lo difícil era conseguir que fuese barato y jugable. Si lo hacíamos en China, nos salía por diez veces menos precio, pero no sabíamos si allí tenían a gente trabajando con un látigo. Queríamos garantías. Por eso decidimos hacerlo en Galicia, porque queríamos controlar el diseño», afirma Armada. El resultado es una caja y un tablero que llaman la atención por su calidad.

Cuando, a finales de noviembre, decidieron los canales de distribución, apostaron por lo tradicional: las librerías de siempre. En Vigo, puede encontrarse en Versus o en Librouro, entre otras. Está también presente en A Coruña, Santiago y Lugo. Y lo venden en su propia página web: sabidurius.com.

A 42 euros por caja, Armada, Trigo y Carrera no cuentan con hacerse millonarios con Sabidurius. Simplemente, querían desarrollar el proyecto y difundirlo. «Veremos adónde llegamos; por ahora, se está vendiendo mucho y solo llevamos un mes», explica Armada. Y han conseguido ser noticia en todo el Estado.

Porque Sabidurius, en tiempos digitales y virtuales, vuelve al papel y al lápiz. «Es una idea romántica», defiende Armada, que recuerda cómo muchos padres les comentan que les encanta ver a sus hijos escribiendo sin necesidad de un teclado. En principio, no piensan en hacer una versión para ordenadores, móviles y tabletas. Porque esto es una obra de arte, una idea ocurrente, una forma de reivindicar lo tangible impulsada por tres vigueses entusiastas. Y, por supuesto, cumple lo más importante en un juego: es muy divertido.

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