El primer Citroën

VIGO

Se le puede considerar el primer Citroën que tuvo Vigo. No lo montaron los franceses sino los romanos. Alguien, en el siglo I, en los primeros momentos de la romanización, decidió que Vigo era un buen sitio para exportar pescado hacia otros puntos del Imperio. Así, se formó una industria completa. La pesca en la ría proporcionaba la materia prima. La misma ría ofrecía la sal, elemento indispensable para proporcionar durabilidad a los alimentos. Algún horno de la zona, seguramente, aportaba los envases cerámicos en los que transportar el pescado. Finalmente, las factorías realizaban el proceso de salazón y el pescado era exportado. Toda una industria de primera calidad con destino a Cádiz, Málaga y otras localidades mediterráneas o hacia el Norte.

Aquella gran factoría sigue enterrada bajo varios metros de tierra. Sin que los vigueses puedan contemplar el primer Citroën que tuvo la ciudad. Una industria que acabó anulando y trasladando la vida en O Castro hacia las orillas del mar. Ahora, que un grupo de arqueólogos, pagados por BBVA, regresarán al solar de la calle de Marqués de Valladares, alguien tendría que tomar en serio la posibilidad de recuperar, proteger y poner en valor aquellos restos industriales, los más antiguos que se conocen en la ciudad.

Seguramente las islas Cíes merezcan ser distinguidas con cualquier título protector mundial, pero seguramente si las administraciones locales tuvieran que pagar algo por ello, no lo solicitarían. Por eso nuestros patrimonio histórico está enterrado o destruido, como ocurrió con otra factoría romana localizada en la plaza de Compostela. A lo mejor, incluso es mejor que la factoría siga enterrada, a la espera de una sociedad más sensible que la actual.

jorge.lamas@lavoz.es