Lo llaman «externalizar». Significa privatizar. Y tiene por consecuencias lo que pasa en Povisa. La patraña afirma que la sanidad no se resiente si se derivan sus recursos a empresas privadas. Y se repite sin descanso, sobre todo en las comunidades de Madrid y Valencia. Muchos políticos sostienen y promocionan este embuste para pasar luego a ser empleados, con sueldos insultantes, de las mismas firmas a las que benefician. Pero, como este país ha alcanzado cotas de degeneración política infames, rayanas en los usos de las mafias, nunca faltan palmeros para aplaudir este despropósito.
Si algo funciona bien en España es su sanidad pública. Es de lo poco en lo que cualquier español está de acuerdo. Y las cifras demuestran que el modelo es eficiente. Pero la voracidad de grandes grupos de inversión, a través de sus compañías de servicios, quiere morder en esas partidas de fondos públicos, de todos los ciudadanos. La sensación actual es que nuestros gobernantes, en lugar de defender los pilares de lo público, se han plegado a los intereses privados de unos pocos.
Valga el ejemplo de Povisa. Un hospital que atiende 140.000 cartillas del área de Vigo. Quien se alarma con el caso Alzira o la privatización madrileña es que no conoce el caso de la mayor ciudad de Galicia.
Desde el miércoles, Povisa ha reducido el salario a sus empleados en un 40%. Puede hacerlo, con la nueva ley laboral de Rajoy. Pero ni el más cándido puede creer que el servicio no se va a deteriorar. Un servicio público derivado a manos privadas con el dinero de todos los ciudadanos. Y la Xunta, ajena al proceso, mirando para otro lado. Sanidade no dice ni «mú», no sea que le pregunten por el hospital privatizado que tienen empantanado en Beade. De verdad no sé cómo en Vigo aguantamos todo esto...
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