Una vida sin cines

VIGO

Ahora no vengan a rasgarse las vestiduras o a lamentarse de que Pontevedra se haya quedado sin una triste sala de cine que echarse al ojo. No se ponga melodramático, porque la culpa también es suya. Piense. ¿Cuándo fue la última vez que usted fue al cine? ¿Cuántas veces va al cine al mes? ¿Una? ¿O quizás... ninguna? Lo que le ha pasado a Pontevedra le irá pasando poco a poco al resto de las ciudades del planeta Tierra. Y Vigo no anda muy lejos de eso. Y eso que ahora tiene un privilegio que ojalá continúe muchos años, los Multicines Norte, con una programación alternativa y diferenciada. Cuando desaparezca, será el principio del fin.

Tenemos en casa pantallas tan fantásticas y ordenadores que «bajan» películas a una velocidad pasmosa. Pones café en la cafetera y antes de que termine de salir, ya tienes en la pantalla del escritorio el último estreno que habías buscado. Así que... ¿para qué? La mayor parte de la gente piensa así. O que el cine es caro, pero el fútbol, no (risas). Piensa también que mientras está dentro de su burbuja tecnológica la vida sigue igual, que los directores y los actores hacen películas solo por amor al arte, que los empresarios del gremio no comen y sus empleados tampoco, y tienen salas vacías porque en sus ratos de ocio son cultivadores de telarañas. Pero un día sales de casa ¡y no hay nada! Y al final resulta que lo único que queda indemne es aquello que pensábamos que iba a desaparecer cuando llegó el cine y después la televisión: el teatro. ¿Y por qué? Porque es inmune al pirateo. El directo solo puede ser directo. Natural o cargante, como Nuria Espert. Y sé de gente que daría cualquier cosa por no tener como alternativa de ocio a la Espert declamando.

Así que dejémonos de lamentos de pacotilla, porque si la gente vuelve al cine, el cine no se muere. Lo demás es ciencia ficción.

begona.sotelino@lavoz.es