Vigo contra el Ejército de la Fe

Jorge Lamas Dono
JORGE LAMAS VIGO / LA VOZ

VIGO

Una partida absolutista amenazó la ciudad hasta que las tropas constitucionales la derrotaron en Arbo, a orillas del río Miño

12 may 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras conocerse que había sido apresado un grupo de soldados del regimiento Vitoria y fusilado su jefe a manos de una partida de absolutistas, «reinó el desasosiego por algunas horas en los habitantes de esta ciudad que, al instante, se reunieron en la plaza de la Constitución». Era a principios de mayo de 1822. Vigo era capital provincial en aquel momento de liberalismo constitucional. La restitución de la Constitución de Cádiz y la limitación de poderes impuesta al rey no gustó a los realistas y, en muchas zonas del país, se fue levantando el Ejército de la Fe, con paisanos reclutados por los sacerdotes y frailes. Aquella tropa que pretendía restablecer la Inquisición y la ortodoxia amenazó la ciudad durante aquellos días.

El fusilamiento del comandante Villar alarmó a Ramón Losada, jefe político de la provincia de Vigo. En combinación con su homónimo ourensano, envió tropas al valle de Valeixe, donde se habían instalado los facciosos. Desde hacía días, una gavilla de absolutistas reclutaba hombres entre 18 y 50 años «bajo pena de la vida, en defensa de la religión y el Rey, con lo que formaron una masa informa, que se apellidaba Ejército de la Fe». Bien por el miedo, bien por convicciones del paisanaje, el líder faccioso, llamado Pereira, formó una tropa de más de quinientos soldados. «Llevaban por uniforme una chaqueta blanca, hecha de hábito de fraile franciscano con cabos y botones negros y llevaban por bandera un emblema alusivo al mesías», se podía leer días después en El Espectador.

La tropa constitucional, al mando del teniente coronel Tomás Metzger, partió de Vigo el 12 de mayo. Los granaderos del regimiento de Burgos, junto a los infantes de los regimientos Vitoria y Ultramar, se dirigieron al puente de Mourentán donde, el 14 de mayo, estaban emboscados los facciosos. El choque comenzó a las cuatro de la tarde. Fue virulento. Durante tres horas se mantuvo el tiroteo, con escenas de gran heroísmo, como la protagonizada por los vigueses del regimiento Burgos que, una vez sin municiones, cargaron, con su comandante al frente, hacia las filas absolutistas.

Fuego portugués

A las siete de la tarde, el campo de batalla, que se había extendido hasta Arbo, acogía más de doscientos cadáveres pertenecientes al bando absolutista. Muchos otros, trataron de salvar la vida, cruzando el río Miño, pero fueron recibidos con fuego de fusil por las tropas portuguesas.