Una ingeniera ecuatoriana que vivía en Tui se convierte en monja de clausura tras descubrir su vocación en Internet.
20 ene 2012 . Actualizado a las 10:52 h.Asegura que su vocación fue temprana porque desde niña sintió inquietud religiosa, pero la llamada definitiva que recibió Mónica Pesantes le llegó a través de Internet. La mujer, natural de Ecuador y residente en Tui desde el 2001, acaba de comenzar su etapa de postulado en la comunidad de Agustinas Descalzas en la localidad alicantina de Alcoy.
La trayectoria de la joven, de 37 años de edad, resulta insólita. Recibió la llamada en el portal del Youtube, donde conoció a las religiosas por el canal propio que ellas mismas han habilitado y que ha recibido ya más de 9.000 visitas. Fue así como decidió atravesar la Península desde Tui hasta el monasterio de Alicante.
Aunque, antes, fue otra imagen la que la llevó a cruzar el charco hasta Galicia. Su primera referencia de Tui le llegó directamente hasta la iglesia de la Victoria de los Carmelitas, en Guayaquil. Allí, poco antes de acabar la carrera, recordaba ayer ya intramuros, «encontré un boletín sobre la Madre María Clara del Niño Jesús que aún conservo, con la frase: si quieres conocerme ven y sígueme». El párroco reiteró la consigna, que Mónica recibió como una ratificación de su llamada y respondió aterrizando en Tui a principios del 2001.
«En la Residencia Paz y Bien he aprendido mucho, las compañeras me enseñaron a madurar y a ser mujer a través del trabajo, la caridad y la prudencia», resaltó ayer desde el municipio levantino.
De la ciudad fronteriza cita muchos nombres propios con los que compartió su estancia, como «la hermana María José o la madre Elisa Comesaña, que cuando dejé de vivir con ellas me ofreció además trabajo». «Pero yo tenía muy claro que había venido a España por vocación y no a trabajar, así que me volvería a Ecuador si no encontraba lo que buscaba», explica Mónica.
Conexión
Y eso que buscaba lo encontró en Baiona. Pasaba unos días en la villa, en casa de la familia de otra hermana, cuando conectó con el monasterio del Santo Sepulcro de las Agustinas Descalzas el 5 de septiembre. «Yo entré en Internet y el Señor me puso la imagen de su niño», recuerda ahora la joven. No habla de éxtasis, aunque sí de inmediata devoción «por el Niño Jesús del Milagro; me impresionó, al igual que la biografía de San Juan Ribera y a él le pedí la santa perseverancia».
Mónica Pesantes entiende el revuelo que ha montado al confirmar que las nuevas tecnologías también están al servicio de la Iglesia. Sin embargo, bromea con humor desde el monasterio en el que ha decidido tomar los hábitos, sin perder el de seguir navegando por la Red, cuando le preguntan si descubrió su vocación en Youtube. Ella, además, curiosamente ha optado por ingresar en una orden de clausura.