El tercer ojo

VIGO

16 dic 2011 . Actualizado a las 12:57 h.

El Tercer Ojo fue uno de los libros más vendidos del siglo XX. Publicado en 1956, conectó con el orientalismo hippie y se convirtió en un best seller. Su autor firmaba como Lobsang Rampa y decía ser un monje tibetano que narraba su autobiografía. En ella, contaba como había llegado a ser un lama, como conoció al Abominable Hombre de las Nieves, co cómo, paseando por aquellos altos del Himalaya, se encontró el cuerpo momificado de sí mismo en una anterior reencarnación.

Dado el exitazo del libro, el diario británico Daily Mail encargó una investigación para entrevistar a tan singular personaje. Y resultó que Lobsang Rampa era en realidad Cirilo Enrique Hoskin, nacido en Devonshire e hijo de un fontanero. Ni hablaba tibetano ni había estado en el Himalaya jamás en su vida.

El escándalo mediático fue de órdago. Cuando fueron a entrevistar al bueno de Cirilo, el hombre no negó que hubiese nacido inglés. Pero explicó que un día, en el jardín de su casa, se cayó de un abeto al que se había subido a fotografiar un búho. Y, cuando despertó del costalazo, se dio cuenta de que había sido poseído por el espíritu de Lobsang Rampa, quien le impulsó a escribir su exitosa biografía.

Con lo que no contaba nuestro fontanero de Devonshire, es que entre sus lectores pudiera encontrarse el futuro alcalde de Vigo, Abel Caballero. No hay duda de que, tal vez en su etapa en Cambridge, haciendo el doctorado, nuestro regidor leyó El tercer ojo y obtuvo de esta magna obra un notable aprovechamiento.

Solo así se explica que Abel Caballero nos proponga últimamente que abramos nuestro tercer ojo y que, con él, alcancemos la clarividencia. Aunque la convención que llamamos «realidad», y toda evidencia empírica, nos digan que no existe la Biblioteca del Estado, porque no ha sabido decir dónde ubicarla, los vigueses hemos de creer que sí existe. Si la gente viaja en AVE desde A Coruña a Ourense, el alcalde nos propone que no: Que el AVE aún no ha llegado a Galicia.

Y lo mismo ocurre con las autopistas del mar, las panificadoras, los albergues de indigentes, las plazas de Maine y Moneo, la Ciudad del Mar, la depuradora del Lagares? Y un larguísimo etcétera que existen aunque lo nieguen nuestros sentidos.

-«Maestro, he visto el AVE cerca de Ourense», dice el concejal en el monasterio de praza do Rei.

-«Elevate sobre tus sentidos, pequeño concelleiro, no existe el AVE; abre tu tercer ojo», responde Abel Lama, añadiendo un «Be water, my friend» para que se vea que sabe inglés.

Caballero nos pide un acto de fe. Mediante la imposición de sus manos, o mediante la lectura de sus oráculos afines, abramos vigueses el tercer ojo y creamos lo increíble. Lo que él nos diga. Vayamos en camino de una nueva conciencia?

Un amigo descreído, al que le cuento mi teoría, opone una objeción: «Ese tercer ojo, ¿no acabará siendo el del culo?» ¡Qué blasfemia! ¡Por las cumbres del Himalaya!

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