Diez años de trabajo le llevó a Pilar Vela -«a tiempo parcial», subraya- su tesis doctoral, la primera que se presenta en Europa sobre Camellia. Bióloga viguesa residente en Gondomar, lo suyo eran los frutales (de hecho había iniciado una primera tesis sobre kiwis) hasta que se incorporó al equipo de Carmen Salinero, reconocida como una de las máximas autoridades mundiales en camelias.
De las tres partes en las que dividió el estudio, reconoce que la más difícil «fue llegar a un buen protocolo de extracción de ADN». No es precisamente un sistema barato, pero garantiza la identificación con un índice de error similar al que puede tener una prueba de paternidad. Es que en realidad es eso, una prueba de paternidad. Los cultivadores y estudiosos pueden recurrir a este sistema, que no es precisamente barato, para corroborar si sus plantas pertenecen o no a una variedad concreta. El proceso que se sigue es machacar el tejido de las hojas, previamente congeladas en hidrógeno líquido. De los minúsculos fragmentos resultantes es de donde se extrae la información molecular.
Aún saboreando el cum laude de la tesis, Pilar ya piensa en su próximo reto que, anticipa, tendrá que ver con el control de la floración.