Cheque en blanco

VIGO

Decía la afilada escritora Dorothy Parker que las dos palabras más hermosas del mundo son «adjunto cheque». Malinterpretando esta premisa, el portavoz popular, Chema Figueroa, decidió esta semana darle color a su discurso y sacar en el pleno municipal un pagaré y dos cheques de 150.000 euros cada uno, por un montante total de 450.000 euros. Esta es la cantidad que, desde hace tres años, adeuda la Diputación de Pontevedra al Marco.

La ocurrencia pretendía demostrar que la institución provincial tiene el dinero consignado para cumplir con su subvención al Museo de Arte Contemporáneo. Y que, si no lo pagan, es porque no quieren. En su opinión, el alcalde Caballero les impide organizar un acto de entrega, en el que se puedan hacer la preceptiva foto con el director de la institución.

Sin embargo, en el mismo instante en que Figueroa hizo ondear los cheques, le bastó escuchar la frase «que conste en acta», pronunciada por el alcalde, para darse cuenta de que era una metedura de pata lo que, horas antes, parecía una brillantísima idea, un genial golpe de efecto, un truco de prestidigitador en la mejor tradición política. Cuesta asumir que un político de tanta trayectoria no haya visto que iba al matadero.

Porque, ¿cómo puede entenderse que el vicepresidente de una diputación vaya por el mundo con los cheques de las subvenciones en el bolsillo? Y que los vaya enseñando por ahí, en los plenos, pero tal vez también en las cafeterías, en el gimnasio, en los parques públicos o en las discotecas.

Se empieza llevando cheques en el bolsillo y se termina sacando fajos de billetes atados con una goma. Porque la imagen de andar con el dinero encima, alardeando, solo la hemos visto en la televisión, bien en películas de hampones, bien en esos concursos donde el presentador saca un dineral de la chaqueta y lo va repartiendo por el público.

Para añadir dramatismo a la escena, a Figueroa sólo le faltó usar los cheques para encenderse un puro. Y, mientras echaba humo y con una risa sardónica, exclamar: «¡Mire usted lo que hago yo con los fondos públicos!»

Esto último hubiera resultado escandaloso. Pero no lo sería menos que lo que realmente vimos: que un cargo institucional puede llevar en su bolsillo el dinero público en forma de cheque, como si esos fondos fuesen suyos.

Por no destacar que tampoco es aceptable la disculpa para no entregar al Marco el dinero que la Diputación le adeuda desde hace tres años. Y que no es otra que no poder organizar un acto de entrega, para que salga en la foto el director del museo, genuflexo y agradecidísimo. Como si le estuviesen regalando algo. Como si ese dinero no fuese, en realidad, de todos los pontevedreses, incluidos los vigueses, que son más de la mitad de la provincia. Cuesta asumir que este sea la política que nos merecemos.

eduardorolland@hotmail.com