Las vendedoras de frutas y hortalizas del mercado de O Progreso que venden los excedentes de sus huertas particulares reclaman un techo bajo el que poder cobijarse los días de lluvia y temporal, como los que han sufrido recientemente. «El otro día nos mojamos hasta las bragas», se lamentaba Gloria Martínez.
El pasado 4 de mayo el Ayuntamiento inició las obras de reconstrucción del mercado y realojó a los vendedores en unas instalaciones provisionales situadas encima de la plaza del Progreso. En estas dependencias hay menos espacio que en las demolidas así que las vendedoras tuvieron que adaptarse a un pasillo lateral entre la carpa y el pretil de la plaza.
Según el gerente del mercado, Raúl Fontán, las limitaciones de terreno han hecho que las vendedores que no pagan sus tasas tengan que ubicarse al aire libre mientras duran las obras. La horticultora María Martínez asegura que cuando se inició la demolición les prometieron que les pondrían un toldo de lona para protegerse del sol y la lluvia.
Raúl Fontán es optimista respecto a la solución del problema. «Creo que la semana que viene el Concello tiene previsto ponerles un toldo para que se guarezcan», asegura.
La cuestión no es baladí porque hay mujeres como Palmira Estévez que llevan 90 primaveras a sus espaldas y quieren seguir disfrutando de una buena salud. «Eu era mariscadora e agora veño aquí todas as semanas», relata.
Antes había 13 vendedoras de productos excedentarios de casa y ahora son 9. Miércoles y sábados madrugan para coger el mejor sitio, el situado junto a la puerta de entrada del mercado. De la ubicación depende que tengan más o menos ventas. Aseguran que ganan poco. Sus piezas no tienen el lustroso aspecto de otras hortalizas porque «no llevan nada de química y son cien por cien naturales», cuenta la vendedora Luz Fernández.
Los puestos tienen un centenar de compradores diarios. Una compradora habitual de los productos ecológicos que ofrecen estas mujeres es la empresaria Lidia Romero. «Compro aquí porque soy ecologista y creo que no hay que transportar verduras desde mil kilómetros. Defiendo la alimentación tradicional, con productos de temporada autóctonos», explica.