El continente más hermoso y menos aprovechado

VIGO

Ningún museo de cuantos existen en Galicia tiene más sentido que el Museo do Mar. Cualquier ciudad puede presumir hoy en día de arte contemporáneo o de pintura clásica, pero pocas pueden singularizarse con algo tan propio y tan atrayente a la vez para el foráneo. Por historia, posibilidades y simple sentido común. De ahí que duela especialmente el fracaso de un centro de exposiciones que apenas recibe visitas y cuyo mantenimiento cuesta (se dice pronto) millón y medio de euros al año.

El del museo de Alcabre ya fue un parto complicado tras abandonar el conselleiro Pérez Varela el proyecto y retomarlo la Zona Franca doce años después, pero es que el balance de sus primeros ocho años de vida es insostenible. Se cae, como se ha caído su director, por una errática política de comunicación y la ausencia de una línea de trabajo coherente. La mayor parte de la colección del museo permanece todavía oculta al público. Sus actividades han ido de las muestras de latas y fotos a la observación de estrellas, de una reunión de agencias de viajes a la improvisación de bichos en un acuario que no pasa de ser una pobre pecera que, para más inri, ni siquiera tenía licencia.

Vigo tiene la oportunidad de mostrar su historia en un continente cultural tan hermoso como desaprovechado. La batalla de Rande, las 20.000 leguas submarinas de Julio Verne, la industria conservera, la flota que conquistó caladeros en medio mundo, los pecios, los peces, la investigación oceanográfica, la arqueología, el puerto, la construcción naval... Son tantas las posibilidades que sorprende que, ahora mismo, solo merezca la pena acercarse al viejo matadero para disfrutar del paisaje cambiante que ofrecen las ventanas diseñadas por los arquitectos Aldo Rossi y César Portela.

En este caso, seguro que se puede hacer más con menos. Corresponde al presidente de la Xunta probar la medicina que receta.