Un fiscal pontevedrés relata en la Quinta Sección de la Audiencia cómo un alijo controlado de cocaína «desapareció» del puerto de Vigo
11 oct 2011 . Actualizado a las 11:27 h.La Fiscalía de Pontevedra desbarató ayer la pretensión de los abogados de anular un juicio a siete colombianos por tráfico de drogas en notorias cantidades a través de contenedores, correo postal y equipaje de avión. Aunque estos lograron que el tribunal suspendiese la sesión y los interrogatorios a los acusados previstos para ayer porque no fueron capaces de localizar el contenido de los cuatro cedés donde van grabadas las escuchas telefónicas a la red de narcos. Al parecer, los discos iban sin rotular, por lo que no pueden identificar los tramos de cada conversación. Lo harán hoy auxiliados por los agentes que investigaron la trama.
El Fiscal tuvo que disparar toda su artillería para impedir la anulación del juicio. Explicó al tribunal de la Quinta Sección de la Audiencia, con sede en Vigo, cómo un contenedor que estaba controlado por la policía desapareció por arte de magia en mitad del puerto y volvió a aparecer días después vacío y en otro sitio, pero sin rastro de la droga.
Los letrados alegaron que el inicio de la investigación estaba viciado porque el Ministerio Público se baso en confidencias sobre un implicado que iba a recoger un contenedor en el puerto de Vigo en el que no apareció droga. Añaden que las escuchas telefónicas a ese sospechoso, que no tenía un gramo de droga, vincularon al resto de la red. Por ello, la defensa pidió la nulidad de las escuchas que siguieron a la operación portuaria, lo que equivaldría a desmontar toda la causa y liberar a los siete acusados.
El fiscal Pablo Varela replicó ante el tribunal que la prueba del contenedor era fiable. Este contó que el recipiente transportaba ropa de mujer desde un puerto sudamericano pero les pareció sospechoso que siguiese una ruta anómala, pues primero hizo escala en Rotterdam y luego en Vigo cuando lo lógico sería al revés. En cuando llegó al puerto gallego, el 30 de septiembre del 2009, los agentes vigilaron el container marcado a la espera de que alguien viniese a recogerlo, lo que no ocurrió.
En ese tiempo, los investigadores descubrieron que la empresa Interalbanco, que gestionaba el envío, no existía. Tenía sede en la isla lusa de Madeira pero simplemente era un negocio tapadera sin actividad.
La vigilancia continuó hasta que el 5 de agosto, la policía acudió a romper los sellos y registrar el contenedor. Fue entonces cuando se encontraron con la desagradable sorpresa de que alguien, en esos días, había cambiado de posición el contenedor de forma irregular y lo había situado a ras de suelo, tapado por otro recipiente que impedía ver lo que ocurría detrás. «Cuando lo abrimos, solo había un hueco, cajas de la empresa, estaba todo vacío. ¿Quién manda un cargamento vacío? Esos son indicios de un delito», se pregunta el jurista.
Finalmente, la policía identificó a un colombiano que, supuestamente, estaba detrás de la recogida del container. «Se trata de un tronco que llevó a otras ramificaciones», dijo el fiscal. El juicio se interrumpió ayer por causa de los cedés pero seguirá hoy con el interrogatorio a los cuatro implicados que faltan por declarar.
La defensa también intenta desmontar la idea de que la droga incautada es de notoria importancia, hecho grave por el que el fiscal pide 7 años y medio y 500.000 euros de multa para cada uno. Los abogados consideran que la mayoría de los detenidos enviaban pequeños paquetes droga por correo o en su equipaje en vuelos intercontinentales.