Numancia nada tiene que ver con el infierno nazarí. De Lucas recibió pitos en el arranque del partido, pero no en mayor grado que en otros campos. Los decibelios de verdad en Los Pajaritos llegaron con la decisión arbitral que abrió el marcador para el Celta. En ese instante, aunque Mariscal Sánchez aplicase el reglamento, fue cuando se evidenció la diferencia que hay entre las guerras provocadas y las que surgen de las entrañas de los aficionados. El colegiados y sus líneas sí que oyeron de todo.
De Lucas no se cortó. Salió al campo y pudo comprobar que no había ni una sola pancarta que le acusase, ni mucho menos pasquines con el se busca que sufrió Iago Aspas. Lo único que tuvo que soportar el futbolista catalán fue un par de entradas a modo de aviso, y quizás de recado. La primera de impetuoso Sunny y la segunda del sadense Julio Álvarez. No se amilanó en ninguna de las dos.
Llamada a filas
Y aunque no participó demasiado en el juego como el resto del ataque celeste en el primer tiempo, tampoco le perdió la cara al encuentro. Cuando marcó de penalti, al filo del descanso, ejerció de líder. Frente a los silbidos del público, dirigidos al árbitro y a su persona, llamó a filas al equipo. Le pidió que todos acudiesen a abrazarle. Un gesto que demuestra su gen ganador.
En la ciudad ni rastro de crispación. Soria vivió ayer su día de fiesta mayor, más pendiente de San Mateo, cuya procesión coincidía en hora con el partido, y de encuentros de mano pelota con pelotaris profesionales. En el ambiente ni un indicio de una polémica creada desde dentro de la entidad. Tampoco ninguna inserción en la revista oficial del club, en donde adelantándose a los acontecimientos arremetían contra Mediapro por los horarios de los partidos por la casa afluencia de espectadores a los estadios «hastiados de tener que aguantar todo a cambio de poco».
El colorido en las horas previas al partido lo pusieron el centenar de peñistas celestes que se metieron más de 700 kilómetros de asfalto en el cuerpo para apoyar al conjunto vigués.
Desapercibido
En el segundo tiempo Quique ya pasó a un segundo plano a excepción del momento en que fue sustituido, en donde arreciaron los insultos. El público bastante tenía con el dúo arbitral, exculpó a uno de los líneas, y con animar a su equipo como para acordarse de De Lucas, que con semejantes botas amarillas en absoluto podía pasar inadvertido en el campo.Al final el calificativo de tramposo emitido desde la página oficial del club se quedó en una mera anécdota,