Estuvo feo el plante que los alcaldes del PP hicieron este verano, ausentándose en bloque de la reunión de constitución de la Mancomunidad de Vigo. Solo el regidor de Baiona, Vázquez Almuíña, tuvo la deferencia de ensayar una excusa el día anterior. Porque una cosa es atender las órdenes de equipo y otra, perder la educación. El resto pasó olímpicamente, siguiendo las directrices del presidente provincial, Rafael Louzán. El hecho de que sea, además, el jefe de la Diputación y que, por tanto, se deba también a los vigueses, parece que importa poco. La prioridad es hacer política de partido, incluso usando las instituciones.
Aquel plante estuvo feo, porque la Mancomunidad de Vigo existe desde hace más de dos décadas. Y el interés común y público ha estado siempre por encima del partidismo. Mal vamos si la cosa va a seguir por estos derroteros después de las últimas elecciones municipales. Y, peor, si lo que se pretende es ahogar a la ciudad olívica, porque no solo no se conseguirá, sino que hay que ser muy ciego para no ver que esta política lo único que hace es alimentar al adversario y cargarlo de razones. Pero Louzán y sus alcaldes sabrán qué hacen?
Lo malo de sembrar la cizaña en el área metropolitana es que funcionaba de facto. Y raras veces ha dado algún problema. Vigo sirve agua a Cangas y Moaña. El transporte público vigués llega fuera de sus fronteras, con la redondelana Chapela como ejemplo. Se aporta agua de Zamáns a Baiona si la necesita, sin que nadie pregunte cómo un municipio turístico de tal magnitud puede haber sido abandonado por la Xunta y, merced a un precario abastecimiento, padezca sequías en pleno verano.
Los vigueses se van a vivir con toda naturalidad a Nigrán, Gondomar, Salvaterra o Ponteareas. Y la ciudad acoge y da trabajo a vecinos de toda el área, como parece lo más lógico. Tampoco hay problema para que la industria auxiliar del automóvil se instale en polígonos en Mos o en Porriño, como tampoco que la expansión del puerto vaya a realizarse en terrenos de la plataforma logística de Salvaterra-As Neves.
Nunca ha habido un problema grave en la mancomunidad de municipios de Vigo. Bien al contrario, las relaciones entre concellos han buscado siempre resolver conflictos e intentar compartir para forjar una prosperidad común.
Todo esto, además, no es algo de hoy. Ni siquiera surgió en la reunión fundacional de la mancomunidad, celebrada en el pazo de Castrelos en 1993. Para reconocer la unión y la solidaridad que siempre ha habido en esta gran área habría que remontarse hace muchos siglos. Y mañana pondremos algunos ejemplos de ello, algunas batallitas sobre qué somos. Y de dónde venimos.
Hoy nos quedamos con el poso amargo que dio aquel plante de alcaldes. Mal vamos si, por hacer política, nos vamos a cargar también la buena vecindad.
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