La mayoría de los clientes no suelen recuperar las piezas de oro, aunque muchos optan directamente por venderlas
02 ago 2011 . Actualizado a las 11:35 h.En La jungla de cristal se narra el robo del mayor tesoro del mundo. Es ficción, pero alude al edificio de la Reserva Federal de Nueva York, en cuyo sótano reposan unas 7.000 toneladas de oro. Un valor refugio que está por las nubes en su cotización. ¿Alguien se imagina cuántas vidas necesitaría una persona para gastarse todo ese dinero estando siempre de vacaciones? Sin embargo, puede ser suficiente con una joyita para pasar unos días de asueto. Hay quien no renuncia a sus vacaciones, aunque tenga que empeñar algunas joyas o desprenderse de ellas. Está sucediendo en este verano y puede dar fe de ello Antonio Luna Lorenzo (37 años). Regenta, con un socio, El Rey del Oro (Doctor Cadaval, 29). «Compramos todo tipo de joyas, oro usado, pasado de moda, deteriorado, lingotes, monedas, relojes e incluso plata», señala.
«Hay quien empeña sus joyas para ir de vacaciones», afirma. Dice que puede ser cualquier pieza de oro, desde relojes hasta pulseras. Al preguntarle por casos concretos de algunos que se hayan desprendido de joyas para hacer un viaje, dijo que fue un matrimonio mayor, para hacer un crucero. «También le compré a una mujer unas alhajas, incluida su alianza, porque me dijo que se había divorciado y que se iba de viaje con una amiga para celebrarlo», manifiesta.
La mayoría de sus clientes, más que empeñar las joyas, lo que hacen es venderlas. Pero son muy pocos los que se deciden a recuperarlas una vez empeñadas. Incluso cuenta que no vienen ni a cobrar la diferencia. La cantidad a cobrar es superior con la venta que si se trata de una operación de empeño.
«La media de la cantidad que suelen cobrar por las joyas que venden o empeñan para irse de vacaciones ronda entre 1.500 y 2.000 euros. Otras veces son cantidades menores, pero les llega con lo que ya han ahorrado, para marcharse unos días a Canarias. Incluso hay gente que pide menos cantidad de dinero cuando se le tasan las joyas para un empeño, porque se arreglan con menos», argumenta.
Cuenta a modo de anécdota que «tengo algún cliente que ya es asiduo en el empeño de las joyas. Viene a recuperar sus piezas de oro y de nuevo las empeña, aunque puede ser por muy variados motivos, desde vacaciones, una necesidad económica, o por una enfermedad».
Sabe mejor que nadie que no es oro todo lo que reluce. «Hay quien viene con la intención de darnos gato por liebre, pero también alguno cree que nos trae un tesoro y son baratijas. Pero disponemos de ácidos y de una máquina que nos marca hasta los quilates. Pagan el gramo de oro de 18 quilates a 25 euros. Y venden las piezas a una empresa para hacer lingotes.
antonio luna lorenzo comprador de oro