El cuento de los partidos trampa

VIGO

Me sorprendió leer que Del Bosque, para valorar el triunfo que se daba por descontado en Estados Unidos, hubiese dicho que allí les esperaba «un partido trampa». Como es sabido, España ganó por goleada «sin despeinarse y con una mano en el bolsillo», diría el paisano.

Lo de «partido trampa» es un invento de algunos entrenadores cuando su equipo va a jugar uno de esos partidos que se dan por ganados «sin bajar del autocar», frase de Helenio Herrera a los periodistas madrileños, a punto de emprender viaje a Sevilla en donde ganó el At. Madrid (1-0) victoria que le valió para conquistar la Liga 1950-51, con 2 puntos de ventaja sobre el equipo sevillista.

El de Estados Unidos, igual que el próximo en Venezuela, tienen aire de romerías futboleras a países en donde la selección despierta gran expectación, no solo por su título mundial sino porque esos países cuentan con numerosa población española y el éxito está asegurado.

Programar amistosos a estas alturas del año solo se entiende en el programa del presidente Ángel María Villar quien se justifica a si mismo diciendo que la Federación percibe 4 millones de euros, libres de gastos.

En Puerto la Cruz, escenario de este Venezuela-España, el presidente Chávez ordenó reservar tres cuartas partes del total de localidades para repartir entre sus adictos y, así, asegurarse los aplausos en el estadio pues el presidente tiene pesado asistir a este «partido sin trampa».

Las trampas del fútbol salen de los despachos.