Como buen vigués, acudí al antiguo Rectorado a visitar el mercadillo de muebles y alfombras creado por nuestro alcalde para liquidar los suntuarios enseres adquiridos por Corina Porro cuando ocupaba el trono municipal. Esperaba encontrar en la puerta a la concejala Isaura Abelairas, ejerciendo como ama de llaves. O, en su defecto, a algún otro miembro de la lista, caracterizado como mayordomo, portando un candelabro y musitando con voz cavernosa: «¡Pasen! ¡Pasen los señores a ver la cámara secreta del castillo!». En su defecto, había un conserje municipal y un vigilante de seguridad, preceptivo en lugares que, como éste, albergan grandes tesoros.
Hice el recorrido por las fastuosas dependencias en solitario. Se ve que los miércoles no pudieron ir «los muchísimos ciudadanos» que, según Abelairas, llamaron para pedir ver las instalaciones. La visita, por tanto, me resultó sosa, ya que careció de los apetecidos murmullos de admiración del público al contemplar la mesa de despacho de 20.000 euros, las cortinas de 30.000; los cubrerradiadores de 33.000; y los 20.000 euros de alfombras.
El conjunto, como es sabido, costó a las arcas municipales 377.000 euros, repartido en los 130 metros cuadrados del despacho de Porro, más sus salas anexas.
Mi gusto por la decoración es limitado y, en general, el mobiliario me pareció lujoso, pero feo, escogido por un atrezzista de teatro o por alguien con ganas de darse ínfulas. Además, me pareció que, en un despacho así, yo sería incapaz de trabajar. Pero inmediatamente me di cuenta de que, al haber sido diseñado para el ejercicio de la Alcaldía, el trabajo no figuraba obviamente en sus funcionalidades.
El mobiliario saldrá pronto a la venta en subasta pública, al uso de un mercadillo, de un rastro o de un «garage sale», que es lo que los estadounidenses hacen a la puerta de sus casas, los domingos, para deshacerse de los trastos.
Y, curiosamente, el PP local ha puesto el grito en el cielo. Sus portavoces lo consideran, cuando menos, de mal gusto, estar subastando enseres adquiridos por el equipo anterior.
En estas valoraciones, estoy yo absolutamente de acuerdo. Pero no puedo estarlo con quien las hace. Por la sencilla razón de que este lamentable espectáculo no lo es menos que el que vivimos, hace poco más de un año, en Santiago, cuando el presidente Feijoo sacó a subasta los «audis» oficiales que usaba el bipartito, muchos de los cuales habían sido adquiridos en tiempos de Fraga.Aquello sí fue enteramente un «garage sale», ya que se celebró en un aparcamiento. Con la presencia incluida del presidente de la Xunta. No se entiende por tanto que proteste quien consideró oportuno organizar aquella astracanada. Así que quid pro quo. Tanto mal gusto tienen unos como otros.