Dos sorianos... de Bembrive

b.r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO

Los mellizos se reparten la gestión de su asador, uno en los fogones y el otro en la sala

24 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Aunque también son los actuales responsables del Puesto Piloto, el buque insignia de los hermanos Magaz en el sector de la restauración es el Asador Soriano. Y a pesar de este nombre, nada hay de castellano viejo en este par de mellizos, vigueses nacidos en el 72 en la clínica del Perpetuo Socorro, que han triunfado con tesón y material de primera calidad ante clientes de paladar y estómago exigentes.

Fue Jesús, el que esgrime la sartén en la foto, el que abrió camino por la senda gastronómica. «Desde los seis años quería ser cocinero, ya entonces me metía en la cocina con mi madre para aprender. Me tiraban las sartenes», cuenta. Años después, a los 14, se fue a un restaurante en Guitiriz (Lugo) para iniciar su aprendizaje que continuó en Santiago y más tarde en Los Abetos, en Vigo. Su hermano había emprendido otro camino formativo en el ámbito de la informática, pero todos los fines de semana acababa ayudando a Jesús en la cocina, lavando loza para sacarse unos duros. Al final terminó dejando los ordenadores: «Decidí que prefería montar mi propio negocio», recuerda. Lo hizo nada más acabar la mili abriendo una tapería en la playa de la Madorra, en Panxón, en el verano del 94. En diciembre de ese mismo año inauguraron juntos el Soriano en la finca de su abuelos, en la que en tiempos había viñas y cuadras de vacas y cerdos. «Fuimos ampliando zonas y reformándolas, pasando de tener espacio para 50 comensales hasta los 250 actuales», explica. José y Jesús crecieron en este tranquilo paraje de la parroquia viguesa de Bembrive donde los vecinos conocían a su abuelo como el Soriano, de ahí el nombre del local. Mientras Jesús es el rey de los fogones y la compra de materia prima, José es el amo de la gestión, la sala, los vinos y las relaciones públicas.

Los famosos bueyes

El Asador Soriano también es conocido por ser el único restaurante en Galicia que puede certificar que sirve carne de auténtico buey, cuando lo hay, claro. Pero si hay, pasará por sus manos: «En Ordes hay un paisano que es el que más bueyes gallegos tiene. Negocio directamente con él y me los guarda», cuenta. «En muchas cartas puedes leer chuletón de buey, pero es imposible. Es vaca vieja», advierte. «Un buey puede costar entre ocho y nueve mil euros y para que te compense tienes que vender el kilo a cien euros, porque solo aprovechas los lomos. Si el chuletón pesa tres kilos, pues 300 euros cuesta», indica. Aun así, cada vez que disponen de este manjar, se agota. De todas formas, la crisis y la ley antitabaco han hecho mermar bastante su negocio, como el de muchos, aunque ellos han abierto un club de fumadores. «Lo peor se lo están llevando los bares, cafeterías y locales de copas», se lamenta José, que además preside la Federación de Hostelería de Pontevedra.

Aunque trabajan juntos, cada uno tiene una misión diferente. Jesús, en la cocina, y José, en el comedor. En el carácter también son muy distintos. El primero, muy tranquilo, el segundo, muy nervioso. Se complementan a la perfección. Los dos tienen dos hijos cada uno, pareja de niño y niña, ambos.