Zambullida en Cíes

La Voz

VIGO

Azul y verde. Bosque y mar. Lagartos, peces, gaviotas, arena. Frescura. Paz. Aventura en la soledad. Cuando la incesante descarga de turistas se frena, después del verano, las Cíes se convierten de nuevo en el paraíso silencioso que llevó a alguien a bautizarlas como las Islas de los Dioses. Es cuando el lugar recupera su secular banda sonora, compuesta por el viento, las olas y el crujir de las hojas, rota ocasionalmente por alguna excursión concertada. Su nombre evoca leyendas de tesoros e historias de piratas y eremitas, aunque nos limitemos a alardear únicamente de sus finas arenas.