Los hermanos compaginan sus proyectos con un dúo en el que hacen lo que les apetece
07 mar 2011 . Actualizado a las 12:24 h.Los hermanos Cunha crecieron rodeados de música. Sus padres son excelentes cantantes aficionados y les inculcaron el gusto por la interpretación desde pequeños. Se llevan cinco años. «Yo soy el mayor, de edad física», puntualiza Alberto, que como primogénito, absorbió primero las inquietudes melódicas de sus progenitores. «Tenían una buena colección de singles y elepés de los 60, con los que me formé en mi vertiente como crooner», cuenta el artista que se curtió amarrándose a cuanto micrófono encontraba, ayudado además por su vis cómica y su facilidad para imitar voces.
«Empecé precozmente -recuerda el mayor- a los seis años ya cantaba y después empecé a tocar la guitarra. Hice una maqueta en una cinta que todavía existe. La tiene mi madre. ¡Espero que no sea capaz de colgarla en el emule!», exclama. Alberto ganó un concurso para cantantes en televisión, hizo teatro, presentó programas, empezó a componer temas y siguió sumando proyectos a una carrera tan diversificada como su dúctil garganta.
Andrés, el pequeño, también canta, pero menos. Lo suyo es la instrumentación. «Cuando lo vi a él con la guitarra dije: Yo también quiero», recuerda. Ahora toca la batería, el bajo, la guitarra «y todo cuando puedo y me dejan», admite el músico al que le gusta imitar a Brian May. «Es que soy fan», se justifica.
Ambos tienen grupos para dar y tomar, pero hasta ahora solo convergían en uno, Creole Kings, junto a Jacobo Jiménez. Sin embargo, les sabía a poco y fueron dándole vueltas a una xuntanza fraternal que tuvo su debut el mes pasado en la sala Contrabajo. «Nos dijimos, ¡oye!, ¿porque no cometemos una fechoría monumental?». Y la fechoría tuvo tan buena acogida que han decidido seguir. Alberto lleva la voz y Andrés toca la guitarra eléctrica y la acústica. «Además llevamos músicos enlatados (las bases) y otros en carne y hueso, con bajista y batería a mayores en varios temas». Su repertorio es distinto a sus otros proyectos, excepto cuando hacen algún tema de Elvis, pero los hay de todas las épocas, «desde Sábado a la noche, de Moris, o Vamos muy bien, de Obús, a Bowie, Queen, Gary Moore o Simon & Garfunkel», recuentan.
Andrés trabaja en una tienda de recambios de coches con su padre, «pero lo mío es la música, que conste», proclama. «Mi rollo es el rock», apostilla su hermano. Alberto intentó integrarse en la vida laboral «normal» pero no pudo. Estudió Turismo y trabajó en una agencia de viajes unos meses, «pero se me venían las paredes encima», reconoce. Lo suyo es el escenario. «Después de años en carrera parece que estoy llegando a la meta, que no es otra cosa es poder vivir tranquilamente de esto».
Poder vivir de la música sin sobresaltos es la aspiración común. Cada uno tiene proyectos por separado: Alberto Cunha, solista, como él mismo y en el papel de «crooner» como Mr. Vintage. Alberto, «metalero» en Esenia y «surfer» en Fishbox Band. Se unen en el escenario Creole Kings y en el dúo Hermanos Cunha.