Nunca hubiera imaginado Aranzubia que aquella segunda vez que subió a la desesperada al área del Almería iba a convertirse en el primer guardameta que marca un gol de cabeza en la Liga. El portero de los reflejos prodigiosos, parapenaltis consumado y milimétrico asistente en muchos contragolpes de su equipo, ya forma parte de la historia del fútbol español. Si Palop puso al Sevilla en la senda de conquistar su primera Copa de la UEFA, el riojano frenó ayer una nueva caída libre del Dépor, que se hubiera complicado muchísimo la vida en caso de caer derrotado.
En el último suspiro del partido nadie mandó a Aranzubia subir por dos veces a rematar. Primero lo intentó en una falta lateral, pero ni tan siquiera tocó el balón, que acabó a pies de M?Bami, pero este no pudo precisar su envío a puerta vacía, mientras el meta del Dépor y sus defensas corrían. Aún una última vez llegó el balón al área del Almería. Y se escribió la historia.
«Cuando subes no tienes ninguna intención especial. Además, todo sucedió muy rápido y no tienes tiempo ni de pensar. Quieres rematar, está claro, pero también molestar, sembrar un poco de incertidumbre en el área», recordó el propio protagonista tras el partido. Lo cierto es que Pablo Álvarez sacó el córner abierto, justo al lugar donde se encontraba el portero. «Vi que venía de frente el balón y traté de cabecear como tantas veces había visto a los delanteros», relata.
El balón entró y le siguió la apoteosis: la carrera de Aranzubia con los guantes cerrados al cielo y el grito en la garganta. «No sé ni lo que decía yo ni mis compañeros. Esto es lo más bonito que me ha pasado como jugador».