Casi mil personas participaron en Fitur en un sorteo para ganar dos viajes a Vigo con todos los gastos pagados. En algún momento de la feria, la gente incluso hacía cola para rellenar el boleto. Y suponemos que los ganadores estarán encantados.
Noticias como ésta a los vigueses nos dejan admirados. De natural críticos, nos sorprende que nuestra ciudad despierte el interés de otros. A fuerza de polemizar sobre el día a día, rara vez nos paramos a pensar que Vigo tenga atractivos como para que el turista la elija para pasar sus vacaciones. Y la costumbre local es que, si un foráneo nos elogia Vigo, enseguida le corregimos para matizar que lo más bonito «son sus alrededores».
El vigués siempre está presto a enviar al visitante a Baiona. O a mandarlo a las Cíes. O a recomendarle una excursión a Santiago. Y esto, aunque útil para evitar a los familiares pesados, no deja de ser injusto.
Por razones que quedan para los antropólogos, se nos hace difícil presumir de Vigo. Cuando, bien vista, esta ciudad es tan atractiva como cualquier otra, además de que está recogida en la ría más hermosa del mundo.
Vigo es la base ideal para conocer las Rías Baixas. Ninguna otra población cuenta con una oferta hotelera como ésta, a la que en los últimos años se han sumado dos hoteles de cinco estrellas. En restauración, tenemos el mejor producto, porque el nuestro es el más importante puerto pesquero del mundo, en descargas de pescado fresco. Podemos presumir de estrellas Michelín, como en el caso del restaurante Maruja Limón. Y, a veces, hasta una modesta taberna en Coruxo o Canido puede ofrecernos una caldeirada de órdago a la grande.
De museos vamos sobrados, incluso literalmente. Y pocas ciudades tienen todo un monte en su centro urbano, convertido en un parque. O Castro, aunque mal aprovechado, es un lujo en el que apenas reparamos.
En playas, poco hay que comentar. Samil ya es bien conocida por los bañistas de Portugal y de la Galicia interior. Pero O Vao. A Fonte, As Barcas o la recoleta Saiáns son algo difícil de creer en una ciudad de más de trescientos mil habitantes.
Continuar sería largo y prolijo. Pero vamos a resumirlo todo en un dato: ¿En qué lugar del mundo te puedes hacer un crucero por poco más de cinco euros? En Vigo se puede. Basta tomar un barco en la estación marítima y cruzar la Ría para vivir toda una experiencia. Barato e inolvidable para cualquier turista. La experiencia de navegar y de descubrir vista de prodigio por un precio totalmente irrisorio.
El viernes, mil personas participaron en un sorteo para visitar Vigo. Que los ganadores no se encuentren a 300.000 empeñados en decirles que esto es feo.
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