No sería raro que a Rafael Louzán terminen por darle el Balón de Oro. Cuando, la próxima semana, la revista France Football anuncie al ganador del galardón, podría ocurrir que apareciese en portada el presidente de la Diputación de Pontevedra. Imaginamos la ceremonia en el Principado de Mónaco, con nuestro singular político abrazando el trofeo, mientras Xavi, Iniesta y Messi, apeados del título, aplauden con expresión confundida.
Habrá quien piense que la escena resultaría rara. Pero no es mucho más extraña que la que contemplamos hace sólo una semana, cuando Louzán, imitando las maneras de Iker Casillas, elevó la Copa del Mundo en sus brazos como si acabase de ganar el Mundial. La singular secuencia se produjo en el estadio de Pasarón, escenario de las penas y glorias de nuestro querido Pontevedra (¡Hai que roelo!). En un montaje propio de Luis García Berlanga, con trasunto de los hermanos Marx, el presidente de la Federación Galega de Fútbol, Julio Meana, hizo entrega al presidente de la Diputación, en el centro del campo, del trofeo que en julio ganó La Roja . Louzán, feliz, alzó la copa ante el estupor general de las gradas.
Para añadir absurdo a la astracanada, la ceremonia se organizó sobre la marcha. A alguien de la Diputación se le ocurrió que sería una bonita foto la de Louzán con la copa, en el centro de Pasarón, diez minutos antes de disputarse el Pontevedra-Lugo. Para lograrlo, el trofeo fue retirado de la peana donde se exhibía en el Palacio Provincial, mientras una cola interminable de aficionados, que esperaban para verla, tenían que pasarse dos horas extra en la puerta del recinto, hasta que el galardón volviese a su lugar y tras ser convenientemente entregado al campeón Louzán. El esperpento dejó atónito al público. Pero no fue más que otra prueba de cómo se hace política en este país.
Personalmente, me sigo preguntando qué razones puede haber para que la Copa del Mundo de Fútbol, ganada este verano por la selección española, tenga que acabar en manos del presidente de una diputación provincial.
Se supone que el acto de marras no sugería que el Mundial lo ganó Louzán o que tuvo alguna participación en la victoria. Más bien pareció una versión exagerada de esas fotos de propaganda en las que el presidente de la Diputación entrega cheques con subvenciones a entidades benéficas y deportivas. En estos actos parece que el dinero salga del bolsillo del político, en lugar de proceder de las arcas públicas. El pasado marzo, la Fundación Provigo lo dejó plantado por intentar entregar la aportación provincial, a la que está obligado por contrato, como si fuese una dádiva, con ceremonia de entrega de cheque incluida. Con lo de la Copa, igual. Es el estilo de la casa.
Así que no nos extrañaría ver a nuestro personaje esta semana como portada de France Football. Yo ya me creo cualquier cosa.