«Arzak quedó muy sorprendido cuando probó mi rape al horno»

Soledad Antón / M. J. Fuente VIGO/LA VOZ.

VIGO

Celia Prado, alma de la cocina del restaurante Basilio desde hace seis décadas, ha perdido la cuenta de los miles de platos que ha preparado a lo largo de su vida

10 ene 2011 . Actualizado a las 12:26 h.

Se ha pasado la vida entre pucheros y, pese a que ya ha cumplido los 81, sigue siendo la primera en llegar cada día a la cocina del Basilio. Celia Prado no es solo la decana del sector, sino toda una institución en la hostelería viguesa, que en su última gala anual le rindió homenaje. Ha perdido ya la cuenta de las personas para las que ha cocinado a lo largo de más de seis décadas, la mayoría anónimas, pero también muchas bien conocidas del mundo de la política, la cultura, el espectáculo o el deporte. Entre estas últimas recuerda con especial cariño a Antonio Díaz Miguel. El que fuera entrenador de la Selección Española de Baloncesto terminó por convertirse en asiduo tras descubrir la cocina de Celia con motivo de un amistoso que el equipo disputó en Vigo.

Aunque de lo que más orgullosa se siente es de haber sorprendido al mismísimo Juan Mari Arzak. Explica que una vez al año solían juntarse en La Rioja un montón de cocineros. Ante la atenta mirada de los colegas cada uno preparaba su especialidad. «Los vascos bordaban el bacalao y las cocochas. Aprendí mucho de ellos. Cuando me tocó a mí decidí apostar por el rape al horno. Es un plato con cierta dificultad, el producto merma mucho... Todos miraban con cierta curiosidad. Al final, se chuparon los dedos, el primero Arzak, que me dijo: ''Ya sabía yo que tenía un secreto''».

Ese secreto que un día descubrieron Arzak y otros colegas prefiere no desvelarlo. Los únicos que conocen todos (o casi) sus trucos son los jóvenes profesionales que trabajan en su cocina. «Ellos son ahora los cocineros, yo ya no trabajo, solo observo y corrijo», asegura. Pero no es cierto, en la cocina del Basilio no se limpia un pescado ni se prepara un simple caldo sin que Celia lo supervise.

Es la primera en llegar y la última en marcharse. Es el alma de la casa y está en todo. Con una simple mirada ya sabe si la masa de la empanada está a punto o si hay que retirar del fuego los hermosos berberechos con los que va a rellenarla.

Fama

La empanada de Celia es famosa. «Todo el mundo me pide la receta, pero no lleva nada especial: agua, aceite, vino blanco, harina y sal». Será la mano o la pasión que pone en el trabajo, el caso es que la víspera de Navidad tuvo que preparar 18 empanadas para un pedido que le hicieron desde Madrid. «Todo el año llegan pedidos por Internet», asegura.

Los comienzos

La maestra de Celia en la cocina fue su madre. Era una niña la primera vez que se enfrentó a los fogones. «Éramos una familia muy numerosa, ocho hermanos, primos..., así es que había que echar una mano».

Tenía 23 años cuando se casó. Basilio, su marido, era maquinista naval, pero Celia le dio un ultimátum: «Ahora se acabó el mar». Basilio le dijo que no sabía hacer otra cosa, pero ella tenía planes, quería montar un negocio: «Empezamos sirviendo vino a los marineros de Canido y alrededores en una pequeña chabola que tenía mi suegra».

El local se quedó enseguida pequeño. Y es que Celia nunca servía el vino a palo seco. Lo acompañaba con una tapa de lo que hubiera, navajas, pulpo, almejas, xoubas, cariocas... «Siempre productos del mar», recuerda.

Así empezó a extenderse la fama del Basilio y su comida casera. Con el paso del los años el local se transformó por completo. Lo que no ha cambiado es la cocina que practica y que, sesenta años después de su apertura, sigue siendo el principal reclamo de la casa.