En noviembre de 1929, dos niños de Ríos fueron condecorados por salvar a un tripulante de un hidroavión militar
03 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El alcalde de Lavadores, Honorato Fernández Míguez, fue el encargado de imponer las medallas de plata del Salvamento de Náufragos a Luis Puga González, de 13 años de edad, y a Enrique Lago Rosendo, de 9 años. En aquel acto, desarrollado el 22 de noviembre de 1929 en la Base Naval de Ríos, se estaba premiando la actuación de los dos niños de Teis tras el accidente de un hidroavión Dornier de la Aeronáutica Militar Española, ocurrida el 28 de agosto de 1929.
El Dornier 14, perteneciente a la escuadrilla de Melilla, llegaba a la ensenada de Ríos para repostar combustible, en un viaje que tenía como destino final la ciudad de Santander. Ignacio Hidalgo de Cisneros comandaba una tripulación compuesta por cinco militares. Una vez recibidos 600 litros de gasolina y 200 de benzol del Monopolio de Petróleos, el hidroavión inició la maniobra de despegue. Aunque falló un motor, el avión intentó levantar el vuelo y pudo deslizarse unos doscientos metros sobre la superficie del mar. Tras una explosión, se inició un fuego en el motor delantero.
Con el fuego extendiéndose por el avión, el comandante dio la orden de evacuar la nave. Los periódicos afirmaban al día siguiente que fue él quien abandonó la nave en último lugar y no aluden a la acción de los niños. Sin embargo, a mediados de octubre de 1929, los niños hacen público en la prensa una carta enviada por el piloto de la aeronave, el teniente Guillermo Romero, en la que expresa todo su agradecimiento por su acción. Explicaba que el comportamiento de los chavales había salvado a toda la tripulación, y que había recomendado que fuesen recompensados.
No sabía nadar
Cuando se produjo la primera explosión, los niños estaban en una gamela, y remaron con fuerza hacia el avión, pudiendo recoger al teniente Romero, que no sabía nadar. Cuando llegaron las lanchas de la Base de Ríos, tuvieron que disparar contra los flotadores del avión para provocar su hundimiento porque, al estar cargado de combustible, podría haber causado daños en la zona.
Además de las medallas, los chavales recibieron un diploma de la Sociedad de Salvamento de Náufragos, precedente de la Cruz Roja del Mar, cien pesetas por parte del Ayuntamiento de Lavadores y otras ochenta entregadas por parte del Estado. Aquel día fueron distinguidos el contramaestre López Cabezón, el cabo fogonero Fernández González y el marinero Chapela Ríos.
Los restos del hidroavión fueron rescatados dos días después del hundimiento y trasladados, una vez empaquetados por piezas, a la base de Melilla.