Los presupuestos de Xunta y Estado vuelven a evidenciar la escasa apuesta pública por Vigo y su bajo poder reivindicativo
24 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El colectivo médico asegura estar comprobando los efectos perniciosos que el manto de la crisis y su repercusión mental está causando en la salud de la población. El cuadro general de la ciudadanía registra desde el 2008 más arritmias, incremento en los casos de subidas de la tensión arterial y un mayor número de alteraciones metabólicas, especialmente con empeoramiento de los niveles de diabetes y del colesterol.
Para hacer frente a la depresión colectiva, los psicólogos aconsejan centrarse en los acontecimientos positivos, celebrarlos incluso más allá de lógica dimensión, para tratar de que el buenrrollismo arrincone a los miedos y pánicos que acompañan a la crisis.
Hecho el diagnóstico general y pasando a analizar la situación del paciente concreto, habría que acabar por convenir que Vigo lleva años en tratamiento, por arritmias, astenias, anemias, carencia de hierro y, lo más importante de entre el resto de su cuadro médico, un preocupante reducido nivel de leucocitos para defender al cuerpo urbano de las infecciones que desarrolla o le inoculan. La falta de fuerzas de la ciudad, permite que los presupuestos que las diferentes Administraciones públicas dedican a Vigo se presenten año a año como nuevos, cuando solo son reformulaciones de los de ejercicios anteriores. La anemia reivindicativa general, lleva a que el cuerpo ciudadano no tenga ganas ni espíritu para sacudirse tanto contra la falta de proyectos para el mayor municipio de Galicia, como contra la impericia de los enfermeros (políticos) que nos representan para saber exigir y lograr lo que a Vigo se le debe desde hace tanto tiempo.
Pero a pesar de esa patología, los vigueses ponen en práctica cada día ese espíritu de seguir luchando, porque sabemos que desde fuera nadie va a venir a curarnos nuestra dolencia, más bien al contrario. Sabemos que tampoco nos valen de mucho los placebo que desde el Concello se suministran al asegurar que Vigo es la ciudad más limpia de España, aunque su depuradora sea un churro desde que se construyó o no tenga ni un punto limpio; se alardee del simbolismo europeo de la Panificadora, después de restarle valor o dejar caer inmuebles como el Colegio de Cluny, la Artística, la Metalúrgica...; o se asegure contar con la mejor calle de España; haber hecho la primera obra del Plan E, o haber bajado el sueldo de la corporación más que cualquier alcalde o concejal del Estado. Ninguna de esas bravuconadas supera la más ligera de las comparaciones, pero sírvanos para evitar dolencias mayores, como dicen los psicólogos.
Lo que no nos sirve para nada es ver que los presupuestos públicos están dejando a Vigo atrás; que la ciudad no recibe ni de lejos lo que le correspondería por habitante o por su aportación fiscal, o que se achaque a la crisis la imposibilidad de recibir un mejor trato inversor, porque tampoco en la bonanza Vigo lo recibió.
Por eso está bien colocar a Vigo en el diván; incluso ver a alguno de sus órganos en el quirófano, porque a estas alturas no solo con terapias conductistas se cambia el futuro, sobre todo cuando los políticos que nos han tocado en suerte apenas pesan fuera de la ciudad y tampoco dentro de ella.