Las calabazas gigantes de Dios

Jorge Lamas Dono
Jorge Lamas VIGO/LA VOZ.

VIGO

Dos jubilados vigueses cultivan enormes ejemplares de cucurbitáceas en una pequeña huerta rodeada por los edificios de la Travesía de Vigo y de la calle Aragón

18 oct 2010 . Actualizado a las 12:08 h.

Dios vive en el Viso, un callejón adyacente a la Travesía de Vigo que, según denuncian sus vecinos, carece de contenedores de basura aunque no por ello dejan de pagar el impuesto correspondiente. Allí, en un huerto rodeado por los edificios de la calle Aragón y la Travesía de Vigo, José Romero Dios y Emilio han logrado cultivar unas calabazas que rondan los cien kilogramos de peso. «As sementes son de Ourense, déronllas a miña muller», explica Dios, como todo el mundo conoce en el barrio a este hablador jubilado.

La finca urbana pertenece a Rosa, en cuyo propio jardín, limítrofe al que cultivan los dos jubilados, ya el pasado año creció un trío de limones con forma de atributos masculinos. Tal cual, un «apenado» limón apoyado sobre dos redondos congéneres. Tras aquel prodigio de la naturaleza, que también tuvo su repercusión mediática, ahora, las calabazas reclaman su protagonismo. Seguramente las hay mucho más grandes en otras partes, pero las calabazas del callejón del Viso tienen el mérito de haber alcanzado su considerable tamaño en un ambiente urbano, rodeado de altos edificios. «Cuánta piedra echaron en aquel edificio, se podrían hacer dos casas», señala Rosa hacia un nuevo inmueble situado en la calle Aragón.

En realidad, este huerto acoge numerosas y diferentes tipos de calabazas. Las hay pequeñas y amarillas, y sirven de adorno para todos los rincones de la casa de Rosa. Las hay rugosas, como la famosa Ruperta del Un, Dos, Tres. Y también verrugosas de varios tamaños y colores. «As sementes destas foron traídas de Benidorm», señala Dios para referirse a una cucurbitácea verdosa.

Y algo debe de tener la tierra de este lugar porque otros vecinos tampoco andan a la zaga en cuanto a descomunales dimensiones de productos agrícolas. De hecho ayer, alguna que otra vecina también reclamaba un espacio público para proclamar las excelencias de su huerto.

Jardín de las delicias

El exuberante jardín de las delicias vegetales también produce otras especies curiosas y poco comunes por estos lugares. Es el caso de un árbol de frutos pequeños y rojizos que tiene cualidades afrodisíacas, según comenta Rosa. Explica que fue traído hace tiempo por su marido de Portugal, aunque tiene todo el aspecto de ser originario de climas subtropicales.

A su lado, otro árbol exhibe una especie de naranja enana que, al parecer, se emplea para condimentar carnes. Patatas, pimientos, pepinos o judías comparten espacio con las calabazas para envidia de quienes nos vemos obligados a acudir a los supermercados para provisionarnos de vegetales de inferior calidad.

Cuando Dios y Emilio comenzaron a trabajar esta finca tuvieron que emplearse a fondo para vencer la maleza. Tras dos intentos el terreno quedó preparado para planificar una microexplotación agrícola. Después llegó el momento de decidir qué plantaban, aunque tienen aspecto de conocerse bien y tener afinidades.

Cocinero

A los dos les gusta pasarse a diario por el terreno para matar el tiempo. «Cando un está xubilado hai que saber empregar o tempo», afirman nuestros personajes. Ayer no tenían muy claro qué hacer con las calabazas gigantes. Rosa incluso les propuso trasladarlas a la Travesía de Vigo, cuestión de difícil plasmación.

Las de menor tamaño sí tienen salida para diversas aplicaciones culinarias, no en vano, Dios trabajó durante muchos años de su vida como cocinero.